miércoles, 23 de mayo de 2018

Un café, dos veces,


El quinto café me lo tomé dos veces.

Es decir: no hubo sexto, pero sí dos quintos.

No hay resurrección, me refiero, pero sí dos vidas.

Y las palabras se hacen agua, para los que tienen sed.


El quinto café me lo tomé dos veces.

Lo acompañe de algo, cuyo sabor no distinguí.

Desconozco incluso si tenía nutrientes.

Y mi cuerpo negó que fuesen dos y eligió el engaño.


Hay quienes llaman simpleza, al engaño.

Y sexto café al segundo quinto.

Y dicen que avanzan cuando caminan en su sitio.

Y piensan que Dios reside en las cosas que no comprenden.


El quinto café me lo tomé dos veces.

Y prefiero tomármelo tres veces antes de acabar en el mismo día.

Me lo serví al amanecer y el sol esperó al segundo.

Y un gallo fue a cantar, pero la oscuridad le torció el pescuezo.


Bebí el quinto café mientras veía una mujer muerta.

Tendida sobre mi cama, lista para engañar.

No distinguió ella entre los dos cafés quintos.

E intenté reír, pero solo, finalmente, se ríe para otros.


El quinto café me lo tomé dos veces.

Y mientras lo hacía los verbos cambiaron de sitio.

Entonces el café resulto tan caliente como frío.

Ya no sé qué significa.

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