lunes, 21 de junio de 2010

Arme según instrucciones.

Día de armados y desarmados.
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I
En primer lugar un mueble, un escritorio que compré ayer y que venía -desarmado por supuesto-, en una caja excesivamente grande, pues las piezas estaban ordenadas de forma absurda y ocupaban prácticamente el doble del espacio necesario.
En total 34 piezas de madera, más incontables tornillos de 7 tipos diferentes, unos cuantos clavos y una llavecita que es la única capaz de mover los 35 tornillos "soberbios" necesarios para armar el escritorio y que mide apenas 4 centímetros, con la que me sentía como Hulk intentando enhebrar una aguja.
Tornillos de mierda, ¡y soberbios más encima! Hubiesen sido humildes quizá se hubiesen dejado atornillar... más encima salió una hoja repetida en las instrucciones y no se entendía nada.
Juro que no fueron menos de siete horas, y no he terminado. Se me perdió una manillita que encaja en una puerta y hay una bisagra que no se deja atornillar.
Además tuve que desarmar lo que llevaba varias veces. Según la instrucción yo debía armar una parte, y luego desarmarla para poner dentro unos rieles, y luego volver a armarla... y como fui haciendo mientras leía no me di cuenta de lo absurdo de la instrucción hasta el final.
Cómo sea, tras siete horas agachado armando el supuesto escritorio, que no me vengan ahora a decir que no se parece al dibujo, está mejor y ya está... y hasta me sobró un par de piezas para hacerme una repisa, y como 10 tornillos.
Mejor volver al locus amoenus y ya está. Y a las novelas pastoriles, y al romanticismo sencillo, dicho sea de paso.
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II.
En la mañana, Chile vs Suiza. Me llama un amigo:
-Hueón, te estamos esperando, está todo listo... falta tu puro proyector pa ver el partido en grande...
Intento excusarme pero sería inútil, desde el auto suenan las vuvuzelas así que además no me escucharían. Así que voy, tomo el proyector y unos cables y me subo al auto. Total hay asado, me dicen, así que voy igual.
Una vez en la casa descubrimos que los perros se comieron la carne, salvo una tira de longanizas que se cayó hacia el carbón y que intentamos rescatar. Deben haber sido suizos, pienso, pero mejor no digo nada.
Al menos hay cervezas.
Lo malo es que faltan 10 minutos y no hay nada listo, como dijeron.
-Pero lo hacemos rápido, -insisten.
Le pido un alargador. Y el hueón tiene uno de medio metro, más menos...
-Es que hizo corte y lo tuve que arreglar, -me explica.
No hay caso. Tenemos que ir a pedir uno donde unos vecinos y de paso invitarlos, y para no recibirlos mal le ofrecemos las longanizas que quedaban.
Y mientras ellos ven el partido por la tele en el living, nosotros intentamos armar en el cobertizo la proyección. Nos perdemos los primeros veinte minutos.
Al final conseguimos que el partido se proyecte en una sábana de mi amigo, no muy limpia que digamos y con un hoyo que intentamos parchar con una hoja de oficio para no perder detalle.
-Está la raja, -me dicen...
Pero yo no puedo contestar porque ya no quedan cervezas y tengo la boca seca.
Pasan los minutos y espero que termine...
¡¡Gool de Chile!!, gritan entonces (yo no grito porque pienso que España nos va a ganar y no vamos a clasificar, después de todo).
Entonces un amigo que fue a besar la figura de Mark Gonzáles proyectada en la sábana tras covertir el gol se pone a alegar que justo en esa parte hay olor a pata...
Los otros se acercan a comprobar y entre medio se cae el telón, pasan a llevar un cable y un tipo que intenta apagar el proyector, -pues nos rendimos y vamos a ver el final al living-, en vez de apagarlo le cambia el sistema de voltaje... por suerte ese botón estaba inhabilitado, como Paredes al recibir el pase en el gol de Chile, pero nadie dice nada al respecto.
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III.
Cinco horas antes: Mañana de películas.
Me desperté como a las 5. Tenía que terminar una prueba y enviarla por mail antes de las 8. Al final la terminé en menos de una hora. Entonces me decidí a ver unas películas:
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A) The Company of Wolves, de Neil Jordan.
La había visto de chico. A finales de los ochenta. Una película que me agrada a pesar de que se enmaraña un poco en la forma de entregar las historias. Una dentro de otra: una chica sueña, en el sueño la chica es otra y está con una abuela, la abuela cuenta otras historias, los personajes de esa historia cuentan otra historia, etc.
Debí tomarla como un vaticinio para lo que se venía, pero no lo hice.
En cambio disfruté un poco observando aquellas historias que intentaban profundizar sobre la figura del lobo y la enlazaban con este despertar a un mundo adulto. Una película con algo especial en el espacio que crea... y es que deja con cierto sabor a cuento para niños, a esos con un final que te cambiaban o que simplemente no se entendían... ¿entonces ellos fueron muy felices...? No, para nada, le dicen a la chica de la película, y entonces comienza la verdadera historia.
Y yo, por supuesto, armando y ordenando esas historias enmarcadas y dándole inicio al día.
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B) Malpertuis, de Harry Kümell (1971)
Otra extraña película. Bastante interesante al menos, hasta cierto momento. La historia nos señala que un viejo -Orson Welles- dueño de Malpertius, un lugar laberíntico y extraño donde los hay, va a morir y va a repartir su herencia entre aquellos que viven con él, con la única condición que no se vayan del lugar tras su muerte, y que los últimos vivos se casen entre ellos.
No suena tan complicado, pero el punto es que cada personaje esconde otra personalidad, -bastante burdo el escondite en todo caso-, a la vez que de nuevo el sueño-realidad aparece y de nuevo uno armando la historia.
La película sin embargo, me gustó en fragmentos, -si pienso en el año en que se hizo y en la propuesta quizá la suba un poco en mi valoración-, pero supongo que les gustará más a los seguidores de Jodorowsky, u otros por el estilo.
Lo que es a mí me atrajo en sus elementos, en su propuesta, en algunas de sus imágenes y, cómo no, en la belleza de unas actrices... pero lamentablemente la película se desarmaba un poco hacia el final -como el telón, como el escritorio, como el mundo entero...-, y parecía apresurase intentando explicar todo, muy básicamente, con lo que se reducía la atmósfera, y el escenario parecía hacerse más chico y se notaban más algunos errores...
A fin de cuentas, me quedo con una frase de la película que quizá dé para más, pero no en esta entrada un tanto ligera, una frase en la que también baso mi justificación para permitirme contarles lo ocurrido hoy:
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"En Malpertuis sólo existen el olvido y el recuerdo, y no sé qué es peor..."
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Y cómo yo tampoco lo sé acá hago el recuerdo de este día, para después olvidarlo. No me pidan que lo ordene mejor, o que le busque un sentido.
Lo único que sé es que tengo un escritorio único. De diseño exclusivo.
Y que hay tornillos soberbios y vástagos.
Pero eso ya es otra historia.
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