miércoles, 3 de noviembre de 2010

Kudryavka, Zhuchka, Limonchik.

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No Laika.
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Kudryavka,
Zhuchka,
o Limonchik,
pero no Laika.
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Laika es el nombre que te dan para morir.
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Como el pijama que te pones
esa noche de la que nadie espera
que despiertes.
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Y es que la historia
suele borrar los verdaderos nombres.
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Nadie sabe, por ejemplo,
de una perra llamada Kudryavka,
y que luego se llamó Zhuchka
y por último Limonchik.
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Pero todos saben de la perra Laika.
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Que era más bien el nombre
de un cadáver,
lanzado así como un escupitajo directo al cielo,
pero con la fuerza suficiente,
pensaban,
como para que éste no viniese de vuelta
y arruinase el espectáculo.
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No soy Laika,
dice ella,
fui Kudryavka,
Zhuchka
y Limonchik,
pero no soy Laika.
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Y es que yo me aferré al suelo con tal fuerza,
que algo de mí desprendieron
y arrojaron fuera y ya no extraño.
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Porque nada extrañamos nosotros
pues nada tenemos salvo un nombre.
Y yo tuve tres
y ninguno de ellos fue marchito,
aunque sí olvidados.
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En cambio,
Laika
es el nombre que te dan para morir.
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Pero al hacerlo,
sucede que la muerte te llama
por un nombre que no te nombra
y resguardas entonces aquello que eres realmente
y sobrevives.
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De hecho,
pueden llamarme Kudryavka,
Zhuchka
o Limonchik,
y yo vendré corriendo a lamer vuestras manos,
y no habrá rencor alguno
contra ustedes.
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Pero por favor,
no me llamen Laika.
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Ese nombre pertenece a un cadáver,
uno que esperaban ver descender en paracaídas,
desde lo alto del cielo,
tan ingenuamente...
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Porque al final,
nada vivo hay que buscar en el cielo,
y nada hay que buscar, por cierto,
en sitio alguno
salvo tu nombre verdadero,
que no es, casi nunca, aquel que tienes.
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Y es que como ya les dije,
mi nombre no es Laika,
y además,
los perros olvidamos rápido
y perdonamos
y no somos como Dios.
Sólo tenemos memoria para el nombre que nos dieron,
y que es lo único de lo que somos,
a lo que tenemos acceso.
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Kudryavka,
Zhuchka,
Limonchik.
Un día enterraré estos nombres
así como se entierran huesos,
y ya no habrá esperanza alguna
de que alguien me llame,
utilizándolos.
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Supongo que eso realmente,
será aquello que los hombres llaman muerte,
de aquella forma tan ingenua...
.
¡Si supieran...!
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¡Si quisieran saber...!
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