viernes, 31 de diciembre de 2010

3, 2, 1: Año nuevo.

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I.

Hubo algo que me pasó cuando pequeño, que hizo creer a muchos de los que me rodeaban que estaba mal de la cabeza.

Ocurrió esa vez que un perro se acercó bruscamente a mí, sin provocación alguna, mordiéndome una mano y quedándose ahí, sin querer soltarla, gruñendo y sacudiéndola, entre sus dientes.

Recuerdo entonces haber visto correr a unos adultos, gritando y recogiendo cosas para lanzarle al perro, mientras yo, extrañamente tranquilo, acariciaba la cabeza del animal, con mi otra mano.

Al final, tras cruzar la mirada con el perro, éste me soltó la mano y se quedó cabizbajo, como avergonzado, hasta que debió huir porque llegaron los otros intentando golpearlo.

Luego, me lavaron la mano, la desinfectaron y, según recuerdo, me llevaron a una atención de urgencia aunque no ocurrió, finalmente, nada grave.

Pues bien, este año, he recuperado ese recuerdo. Y creo, aunque no he podido comprobarlo de una forma similar, que he recuperado también aquella sensación, la necesidad de encontrar la mirada de eso que por alguna circunstancia ha llegado a hacerte daño.

Y claro, el costo no fue bajo, pero la ganancia… la comprensión… todo un tesoro escondido tras el miedo en los ojos de los otros.


II.

Hace exactamente un año estaba en Londres. Con alguien cuya pérdida fue el detonante concreto que motivó el nacimiento de este blog.

No obstante, nunca he hablado de eso acá. Es algo que ha permanecido siempre en mi interior, como raíces, bajo tierra.

Y es que había tanto nudo en aquello, en uno mismo… tantas cosas mal dichas o no dichas, tanto miedo, confusión… aspectos propios no trabajados… sensación de abandono… tristezas…

Tantas cosas que uno prefirió guardar porque decirlas podía ser también equivocarse, y bueno, uno debía seguir y no darle tanta importancia al dolor propio que tan injustos y ciegos nos vuelven con el de los otros, y con las felicidades que, igualmente, nos rodean.

¿Superé esa situación?

Realmente no lo sé. Aunque existe una sensación similar a la de aquella vez, cuando me mordió el perro.

Sin víctimas, por supuesto, pues acá el perro acá es otra cosa, y no necesariamente un otro, claro está.

Hoy, sin embargo, aún busco la mirada de ese perro, y trato de que sea con cariño. Todavía muerde fuerte, es cierto, pero si ese dolor es el costo para la comprensión que ha de venir, lo acepto sin reparos.

Incluso, con alegría.


III.

Muchas ideas para este año no se ejecutaron.

Y claro, eran ideas a priori, que decían relación con realizar una serie de actividades que, debido principalmente a mi situación anímica, decidí cambiar por otras, que me eran más necesarias.

Hoy, al final del año, sumando y restando, considero que fueron buenas decisiones.

Quizá por lo mismo, mis proyectos concretos para el próximo año… eh… como decirlo… no existen. Ni para más tarde, por cierto. Ni siquiera para el punto IV.

Además, ya firmé contratos para trabajar un total de 55 horas semanales en dos colegios el próximo año.

Podría entonces sumarles los tiempos de desplazo y el infaltable trabajo al hogar que te llevas cuando eres profe, pero quizá terminaría preocupándome demasiado.

Confío, además, que si el verdadero proyecto soy yo mismo, -en función de dar algo a los otros, por supuesto-, todo debiese funcionar bien, y, al menos en esto de los proyectos, he descubierto además que constituye el gran secreto.

Por último, en materia de ideas, o proyectos, supongo que la clave es justamente lanzarse uno, junto a lo que uno hace. Es decir, aprender a llevarse puesto, sentirse cómodo con el propio peso.

Sí, ese es mi proyecto.


IV.

He releído lo que he escrito y suena como algo triste. Por lo mismo, aclaro aquí que no lo es.

De hecho, hay una sensación agradable revoloteando dentro, como lo que ocurre cuando veo a mi hijo.

Al respecto, creo que este año fue un año enriquecedor. Pude verlo más tiempo debido a las pocas horas de trabajo que tuve, y creo que, en resumen, ambos resultamos ser beneficiosos y necesarios para el otro.

Leímos juntos, vimos películas, jugamos, y hasta estamos aprendiendo juntos a tocar el piano, que es uno de los desafíos que se vienen.

También un viaje especial, estas vacaciones, aunque aún no decidimos dónde. Y retomar nuestro entrenamiento de superhéroes, en el trapecio, donde creo que he sido yo, finalmente, el que más se ha dejado estar.

Otras situaciones que ocurren con él, digamos que son más secretas, cosas que me cuenta sobre la chica que le gusta y su tenaz labor por encontrarme novia cuando andamos juntos y elaboramos planes que, si bien nos divierten, derechamente no resultan.

Lo importante, sin embargo, es que se vienen cambios, oportunidades, libertades varias y experiencias que espero enriquezcan todo esto.

Y claro, si él me autoriza, les estaré contando.

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V.

Debo reconocer que mi biblioteca está revuelta. La ordené en un principio, juntamente con el inicio del blog, pero se ha enredado nuevamente.

Y es que los libros insisten en cambiarse de posición y para mí que se visitan de noche, como los juguetes, en El soldadito de plomo.

Lo mismo ocurre con las películas, o con los discos de música, que se turnan para aparecer siempre aleatoriamente –aunque Regina Spektor, Tori Amos y otras mujeres han aparecido más de la cuenta, este último año-.

También han dado vuelta los libros de pintura, narrativa japonesa, filosofía anterior al siglo XIX y hasta unos de cocina Thai, japonesa e hindú, aunque de esos elijo sólo ver las imágenes y no seguir las instrucciones.

Otras cosas que se revuelven con los libros son las botellas de cerveza. Y es que sin abusar demasiado, me he acostumbrado a probar cervezas artesanales que han de servir, supongo, para cuando comience a elaborar las propias, aunque aún no es una situación prioritaria.

En definitiva, mi biblioteca necesita urgentemente un orden. Lo he aplazado porque se viene un cambio de casa y eso ha servido de excusa, pero ciertamente, y sin falta, el próximo año la ordeno.


VI.

Lo conté hace un tiempo, pero este fin de año, sobre todo, ha sido un periodo de visitas.

Y es que no menos de dos o tres veces por semana descubro en mi pieza una visita diferente: un pájaro, un gato, un conejo y hasta una gallina, ésta última que, por cierto, hasta el día de hoy no sabemos desde dónde apareció.

Y claro, al principio hubo miedo, o sobresalto, pero la situación se está haciendo tan común que ya he pensado en poner platos de leche o distintos alimentos en lugares estratégicos.

Aún así, los visitantes en cuestión parecen alimentarse de otras cosas, pues siempre se alejan de acá simpáticos y satisfechos y sin producir mayores problemas, o reclamos.

La situación me recuerda a esa costumbre que tenían las niñas de antaño cuando jugaban con tacitas, tras lo cual, quedaban extrañamente satisfechas, y hasta se negaban a comer lo que les servían en su casa.

Es decir, ellos vienen, me despierto, nos miramos, hablamos en silencio, y supongo que en el intertanto nos servimos algo que nos deja a ambos satisfechos y hasta más alegres.

Luego, por supuesto, se van, y yo me duermo un poco más tranquilo, y contento.


VII.

Este año he aprendido a ser Vian. Es decir, me he ido creando poco a poco. No he salido muy bien hecho, pero al menos no puedo culpar a nadie.

Nada de la creación persiguiendo al doctor Frankenstein, o algo parecido. Yo soy Vian. Yo me construí: yo soy esto.

Los que visitan me soplan y me dan espíritu y hasta me moldean, de cierta forma.

Incluso llegaron seguidores, quien iba a decirlo, a pesar de que eliminé al primero y quería permanecer un poco oculto, pero bueno… las cosas han ido cambiando.

Y claro, Vian se cansa y duerme poco, pero no ha fallado ni un día escribiendo al menos algo. No todavía, al menos.

Por lo mismo, como es algo obsesivo, y cree demostrar algo con aquello, hasta decidió terminar el blog el día en que no suba al menos una entrada. O cuando suba una entrada donde él no esté presente.

A veces mamón, o borracho, o absurdo, lo cierto es que ha estado ahí y se agradece la presencia de los otros, que son, en el fondo, quienes lo sostienen.

Y como en el fondo es debilucho e inseguro, necesita más de ustedes, aunque no lo reconozca.


VIII.

Aprovechando el fin de año, el sincerarse y todo eso, pido disculpas por mi tono ofensivo o malas palabras que de vez en cuando aparecen en algunos textos.

Asimismo, debo reconocer que la gran mayoría de las entradas que surgieron este año me avergüenzan un poco y hieren incluso mi orgullo al ser escritas a la rápida y sin corrección alguna, pero bueno, también ha habido algunas que han resultado bien a pesar de aquello.

Por el contrario, siento que escribir así, menos presionado por la forma y las correcciones, me ha servido para verme de mejor forma, y reconocer distintos elementos aparentemente contradictorios –al menos desde lo anímico-, pero que son parte verdadera, de quien soy.

Porque al final, escribir “para los otros” termina alimentándolo a uno más que a nadie, así, cuando se sigue el flujo correcto, toda experiencia termina por hacernos crecer, permitiéndonos descubrir especies nuevas en el terreno supuestamente más explorado que tenemos: nosotros mismos.

¿Y saben?

Hoy, al terminar este año, siento que me quiero un poco más. Y, al mismo tiempo, me siento más querido.

De la misma forma, espero que no duden que el querer del que hablo, también va dirigido, sinceramente, hacia ustedes.


IX.

Nunca he adoptado una de esas costumbres o tradiciones de fin de año. Nada de maletas, dinero en los bolsillos, ni mucho menos las doce uvas.

De hecho, soy tan despistado que, de intentarlo, terminaría con lentejas en los calzoncillos amarillos, o algo por el estilo.

Sin embargo, recuerdo que había algo que hacía cuando era chico.

Siempre un poco escondido, me gustaba, justo antes del “0” que anunciaba el año nuevo, cerrar un poco los ojos.

Es decir, cerrarlos en un año, y abrirlos en el otro, buscando ojalá algo importante para ver.

Pues bien, este año, desde el blog, esta última entrada pretendo que cumpla esa función, cerrar los ojos y abrirlos en otro año, esta vez, viéndome a mí mismo… a Vian… reconociéndome entonces, más que antes.

Sé que puede sonar egoísta, que quizá ver una foto de mi hijo –el pasará estas fechas con su madre-, o fijarlas simplemente en la naturaleza o en un otro… pueden parecer mejores opciones. Pero quiero este último día del año mirar un poco qué quedó acá, imágenes y palabras dando vuelta en torno a algo que siento más firme… y sí, sintiéndome un tanto orgulloso de todo aquello, debo reconocer.


X.

¿Y ustedes?

¿Qué tal llega este año?

¿De qué están orgullosos?

¿Tienen hijos, o seres queridos especiales?

¿Cuidan de un bonsái o de un jardín, o de ustedes mismos?

¿Les gusta la vida? ¿La entienden?

¿Leyeron a la Lispector, o a la Mc Cullers?

¿Han visto los puentes de Hiroshige?

¿Se les hace difícil a veces, todo esto…?

Me siento un poco ridículo preguntando tantas cosas, pero es que de verdad hay cosas que me gustaría conocer, en el año que comienza.

¿Saben? Hay un personaje en Al este del Edén, de Steinbeck, un personaje pequeñito que pertenece a un grupo donde investigan partes de la Biblia.

Y claro, quedan entrampados con una frase que se le dice a Adán, en el paraíso, respecto a dominar al pecado: “tú vencerás”, suele traducirse.

Pues bien, este pequeño personaje nos regala algo hacia el final, algo que le puede dar sentido a las acciones de cada uno, y que es la verdadera traducción de aquella frase:

“Tú podrás vencer”, dice en realidad.

Y es entonces cuando esas tres palabras, pueden bastar para sostener el sentido entero de las acciones de un hombre.

Eso quería contarles.

Feliz año nuevo.

Den y reciban, muchas bendiciones.
.

jueves, 30 de diciembre de 2010

No quedan ebrios como Li Po.

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I.

No quedan ebrios
como Li Po.

Ni poetas.

De vez en cuando algún imitador,
pero nada serio.

Alguien que bebió tanto
que se le olvidó escribir.

Y otros que no supieron nunca.

Sin embargo,
por todos ellos,
guardo un sincero respeto,
y no tengo nada
por qué condenarlos.

Y es que el problema
surge en realidad
con los otros.

Esos que quizá sí sabían escribir,
y hasta podrían considerarse
buenos bebedores.

Lamentablemente,
ellos descuidaron lo más importante:
se quedaron sin razones.

No tenían para qués,
ni intenciones…
ni espíritu,
ya que estamos hablando
de carencias.

Nada por qué escribir.

Nada por qué beber.

Y, si me apuran,
hasta nada
por qué vivir.

Pero claro,
ellos siguen con los suyo,
y yo los dejo.

Además,
en poco tiempo,
ha de llegar mi turno.

.
II.

Li Po
ya no se encuentra hoy
en ningún sitio.

Puedo asegurarlo, pues,
metódicamente,
he recorrido este año
todos los lugares
donde pensé
podía encontrarlo.

Porque eso de que se ahogó
en una laguna,
y la historia que se cuenta
al respecto,
obviamente no es cierta
en lo más mínimo.

Y es que no hay muerte posible
para Li Po,
pues el vino
-y una razón para tomarlo,
por supuesto-,
son los mejores antioxidantes
que podemos encontrar.

El punto entonces es saber
dónde se encuentra Li Po
hoy en día.

Mi héroe.

El último gran ebrio.

.
III.

Por otra parte,
pienso,
si encontrase a Li Po
¿de qué mierda le hablaría?

Porque no me vengan a decir
que hablaríamos de literatura,
o de cine,
o hasta de política.

De hecho,
yo hasta apostaría,
que Li Po se cortó la lengua
y que trabaja en silencio,
como un empleado fiscal
en alguna oficina de Santiago.

Ahí,
con una camisa a rayas,
pegada al cuerpo por el calor,
Li Po debe esperar cada día
el término de la jornada.

Sin embargo,
toda especulación
sobre qué hace después,
o antes de dicha jornada,
puede transformarse en pelambre
infundado,
y por lo mismo,
prefiero guardar silencio,
yo también.

Así,
buscando al prócer,
-por llamarlo de alguna forma-,
me invento porqués
y circunstancias,
y voy de bar en bar,
o de calle en calle,
acercándome un poco
a su persona.

Y es que no quedan ebrios
como Li Po.

Y por eso,
bien vale la pena
ocupar todo un día
-y quién sabe si una vida-
en su búsqueda.
.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Apuntes sobre las circunstancias, o el pabellón donde nos despedimos.

.
I.
.
No recuerdo como fue,
es decir,
olvido
las circunstancias que rodean
lo que aún no cuento.
.
Recuerdo,
sin embargo,
una sandía rota
en medio de una avenida,
como si ésta hubiese caído
desde lo alto,
pero sin que ningún vehículo
hubiese aplastado aún
los restos de aquel fruto
esparcido en la calle.
.
Por lo demás,
no identifico aquí,
como dije en un inicio,
cuáles son las circunstancias
que rodean esta imagen.
.
De hecho,
no sé ciertamente,
si considerarme a mí mismo
como parte
de aquellas circunstancias.
.
Respecto a la sandía,
en cambio,
-o a los restos de ella
para ser exacto-,
no tengo duda en señalar
que su categoría era superior
a cualquier tipo de circunstancias.
.
Es decir,
el centro de aquel mundo,
lo único inalterable...
la esencia de todo aquello
por decirlo así,
era justamente la carne roja
esparcida en la avenida,
como si el corazón de Dios
se hubiese de pronto
venido abajo.
.
II.
.
Olvido señalar,
sin embargo,
las peligrosas maniobras
en que incurrían los vehículos
para evitar aquellos restos.
.
Asimismo,
no recuerdo que nadie
de los que caminaba por el lugar
haya reparado
en todo aquello.
.
Aunque pensándolo bien
¿por qué tendrían que haber reparado
en todo aquello?
.
Y además
¿qué es, concretamente,
todo aquello?
.
A priori,
aunque haré un intento,
les confieso que no tengo
ni la más mísera hipótesis
de todo aquello.
.
III.
.
Ahora bien:
Li po
se refiere en uno de sus poemas
al lugar más triste de la tierra:
.
el pabellón donde nos despedimos.
.
Menciono esto,
porque justamente
leía aquel fragmento,
en el mismo momento
en que veía por primera vez
los restos de la sandía.
.
Y claro,
alguno podrá cuestionar
que es imposible
que haya visto
ambas cosas a la vez.
.
Pero yo,
que lo hice, sin duda,
llegaré entonces a la cuestión crucial
que dice relación
con las circunstancias.
.
IV.
.
Una circunstancia,
-y esta es una de las definiciones
más hermosas que conozco-,
es un elemento accidental
que va unido
a la sustancia de algo.
.
Una definición hermosa,
como decía,
y qué cambié hoy
por otro conocimiento
similar.
.
Y es que un amigo me contaba
que los presos
tienen derecho a la fuga,
es decir,
sus sentencias
no pueden ser aumentadas
por intentar fugarse.
.
En cambio,
-y aquí volvemos nuevamente
al asunto de las circunstancias-,
sólo puede abrírsele un nuevo proceso
por agresiones al momento de la fuga;
por daño al terreno fiscal,
-si lo intentó mediante túneles-,
o por invasión de morada,
-si para hacerlo ingresó ilegalmente
a un terreno
de propietario particular-.
.
En resumen,
nos encontramos nuevamente
con un hecho puro
y esencial,
como la sandía rota,
que es a su vez comparable
al corazón caído de Dios
en plena calle.
.
V.
.
Hoy, además,
vi a un hombre mayor,
que volvió a ponerse
una rodilla en su lugar.
.
Alguien que tropezó
y se enredó con cables,
por lo que su pierna realizó
un extraño giro,
que dio como resultado
una rodilla desencajada.
.
En otras palabras,
otro ejemplo del hecho puro,
esencial
y desencajado,
que viene a existir,
paradójicamente,
no por sí mismo,
sino por una serie
de circunstancias
que han de situarlo
como centro.
.
VI.
.
Ahora bien,
pensemos,
-y esto que digo ahora
es exactamente lo que me decía
mientras leía a Li Po
y veía por primera vez
los restos de la sandía-,
¿puede un elemento accidental
encontrarse unido a la sustancia de algo?
.
Pero claro,
no recuerdo a ciencia cierta,
la respuesta que me di
en aquel entonces.
.
Además,
tampoco recuerdo la forma
en que llegué a situarme
frente a esos restos de sandía.
.
Sólo sé
que me senté en el borde
de la calle,
y hubo un momento tan exacto
tan fuera de todo,
que comprendí algo
no-circunstancial
al observar aquella sandía.
.
Y comprendí además
que sólo lo no-circunstancial
es cierto,
y que sólo de ello,
por tanto,
es factible hablar
con verdad
y sin ambivalencias.
.
Y claro,
Li po tenía razón,
como siempre,
y de haber estado vivo
al otro lado de aquella avenida
en la que se encontraba
la sandía caída,
quizá hubiese llegado a comprender
que aquel lugar,
correspondía exactamente
al pabellón donde nos despedimos.
.
Yo, en cambio,
en la otra acera,
debo reconocer que no soy
tan buen ebrio
-ni qué decir poeta-
como lo era Li Po,
y que mis despedidas
y finales,
son parte importante
de los accidentes
que se unen a una sustancia
pura,
que por lo demás
desconozco.
.

martes, 28 de diciembre de 2010

Algo debe significar.

.

"Y cuando ella regresó
era la mujer de nadie"
Leonard Cohen.
.
Algo debe significar
que los animales se metan
a tu dormitorio.

Gatos,
gorriones,
y hasta un extraño pájaro calipso.

Yo los veo entrar,
de noche,
y de vez en cuando hablamos
cosas que luego no recuerdo.

Y es que se trata de algo así
como un pacto tácito,
palabras que se deshacen en el sueño
y que olvido,
supongo,
aunque quizá sea correcto decir,
que no me animo a recordarlas
por respeto, justamente,
a ese acuerdo no dicho.

Lo extraño es que aparecen
junto a mí,
sin importar si hay ventanas abiertas
o cerradas.

Entonces,
se me acercan a las manos
y me llevan a distintos lados:
a la cama donde duerme mi hijo
cuando se queda conmigo,
o hasta me ayudan a encontrar
cosas que creía perdidas.

¿Y saben?
Es extraño.
Ustedes podrán pensar
que exagero,
o que miento…
y claro,
no me interesa acá
convencerlos
de lo contrario.

Sin embargo,
los hechos son concretos
e inexplicables.

Un gato blanco con negro,
por ejemplo,
-o gata, no me fijé en eso-,
me trajo una pequeña muñequita de madera
perdida inexplicablemente
hacía mucho tiempo…

O un pájaro,
hace un par de noches,
que voló derecho hasta atrás de unos libros,
y sacó con su pico
unos papeles
que depositó en la cama.

O ese extraño
pájaro calipso,
que se paró en la almohada
junto a mi rostro,
y no dejaba de mirarme…

¿Qué quieren?
Les digo entonces,
con cariño.

Y el gato ronronea,
y los pájaros pían,
y vuelan…
y claro, yo los dejo hacer,
pues de una forma extraña
me alegra
su compañía.

Lo triste,
sin embargo,
es que ellos saben algo:

Ha habido un error,
me dicen,
un extravío,
una pérdida innecesaria.

Y sí,
yo sé de qué hablan,
pero nada está en mis manos,
les digo,
y además…
además algo murió en mí,
o está muriendo…
y hasta está bien que sea así,
de todas formas.

Entonces,
me imagino como un pequeño zorro,
uno que dejó sus pisadas
marcadas en la nieve,
y que lleva en su hocico
un pájaro aún vivo
quién sabe a qué lugar.

Y claro,
ahora que lo pienso,
ese ha sido un sueño recurrente,
por estos días.

¿Qué?
¿Que cómo estoy?

Estoy bien,
no hay problema.

Sólo que una mujer
con un bebé muerto en su vientre,
mira desde fuera de mi ventana,
y su miedo
y cobardía,
le impiden entender
que era ella,
sin duda,
quien debía entrar.
.

lunes, 27 de diciembre de 2010

¿Y si ladramos?

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“Aprender a leer es absolutamente innecesario,
la carne de por sí se huele a gran distancia.”
Corazón de perro, Mijaíl Bulgakov.
.
I.

¿Qué tal si hacemos algo así
como un pacto?

Ponemos fecha de inicio y
fecha de término
y entre esas dos un espacio
donde las palabras no tengan ingreso.

Y claro,
ud. elige si el silencio
o el chillido
o el ladrido destemplado.

En eso al menos,
que no haya imposiciones.

Yo propongo el ladrido
porque me es más afín,
y porque bueno…
no sé qué sonido hacen las jirafas
que es otro animal que me gusta.

Pero recuerde que ud. escoge,
a fin de cuentas,
y si quiere rugir,
o maullar,
allá usted,
yo no cuestionaré
sus elecciones.


II.

Aunque ya que estamos en eso,
qué tal si agregamos
una segunda cuestión
al contrato.

Si no les gusta me dicen,
no hay problema,
pero me gustaría planteárselas
de todas formas,
antes que usted tome
una decisión apresurada.

Me refiero
a que andemos más cómodos,
y como el calor por estos días
está un tanto insoportable,
qué tal si aprovechamos
y prohibimos la ropa
en ese mismo intervalo…

Sí, a lo Tunick,
justamente,
sólo que además de en pelota
andamos por ahí sin decir
palabra alguna
y en cuatro patas…

¿Les tinca?

Claro… quizá exista algún problema,
y aumenten un tanto las violaciones,
pero también está aquella opción perdida
de poder defendernos
los unos a los otros.

Imagínense:
pequeñas jaurías yendo de un lugar a otro,
mordiéndose a ratos el pescuezo
porque hay que llegar a un acuerdo
y bueno…
sin palabras…
usted sabe,
será más fácil recurrir
a este tipo de herramientas.

¿Qué me dicen?


III.

O mejor esperen,
no me digan nada
todavía.

Y agreguémosles
más cosas
a esta promoción,
como los vendedores de antaño
en las micros amarillas.

Y es que sería mucho más entretenido
y verdadero,
si además pusiéramos llave
a nuestras casas
y nos quedáramos fuera.

O hasta asegurarnos
y prenderle fuego
a todo aquello,
para no tentarnos a romper
las reglas
que hemos establecido.

Claro,
quemar las ropas, los libros,
las viviendas…
y el dinero,
por supuesto,
después de todo,
¿para qué íbamos a necesitar
de esas cosas
en nuestra nueva experiencia?
.
.
IV.

No sé ustedes,
pero yo,
ya comienzo a disfrutar de la propuesta,
incluso, ya pienso como afilar los dientes
para no tener problemas
cuando quiera conseguir lo mío.

Además,
tengo buen olfato,
y la carne humana
tiene verdaderamente
un olor inconfundible…
y qué decir del sexo.

Bueno,
esa es mi propuesta,
creo que se ha entendido
a grandes rasgos,
mientras lo piensan,
sepan también que estoy dispuesto
a aceptar sugerencias,
aunque sinceramente preferiría que no,
para evitar posibles demoras
en la habilitación de nuestro acuerdo.


¿Qué?
¿Que qué pasa con qué…?
¿Con los sentimientos?
¿Con la humanidad?

Disculpen,
¿pero no sé de qué humanidad
me están ustedes hablando?
.

Somewhere, de Sofia Coppola, y algo más.

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Me la hace difícil Sofia. Si no estuviera tan premiada y no fuera hija de quien es, quizá sería un agrado ver sus películas y hablar de ellas, y hasta las emociones que me producen se mantendrían en un estado más puro… y bueno, todo, en relación a ella, sería más fácil.

Pero resulta que Sofia la tuvo fácil. Y claro, no fue culpa suya, pero así fue. Igualito que algunos personajes de sus películas que andan en Lamborghinis o que derechamente nacieron para ser reinas.

Sin embargo, sería tan injusto quedarme en esto, de la misma forma como lo hacen algunos que, en el plano local, desprecian a Huidobro o a Emar porque tuvieron dinero y pudieron dedicarse a lo que querían sin mayores sobresaltos, o penurias.

Además, debo admitir que sus películas tienen algo que me encanta. Una forma de mostrar, de ser parte de la atmósfera, que siento no se da en otro cine de esa envergadura. Justamente el reverso del cine de su padre y toda esa grandeza deslumbrante que supo entregar aquél en su momento.

Sofia, en cambio, me la imagino coleccionando cosas pequeñitas, filmando cajas de fósforos o joyas caras y sencillas… escribiendo con letra pequeña, dirigiendo en pantuflas…y, sin embargo, nunca alcanzando la sencillez completa. El ser natural que no le fue dado, quizá justamente por ser hija de quien es.

Y claro, resulta así que en un primer momento no congenié con Lost in translation, película que, según mi punto de vista, venía precedida de demasiados aplausos, generando desconfianza, entonces, desde un comienzo.

Por suerte estuvieron Las vírgenes suicidas y, sobre todo María Antonieta, película que no deja aún de maravillarme y que me lleva quizá a sobrevalorar a Sofia y a exigirle más de lo que puede dar, a fin de cuentas.

Y es que acabo de ver Somewhere, su última película -premiada con el León de Oro en Venecia este año-, y me ha dejado un poco extraño… como si hubiese tenido expectativas altas y de cierta forma, no se hubiesen cumplido.

No se trata de que la película sea mala. No hay incorrecciones en la forma de ser filmada ni en las actuaciones y hasta el guión –bastante sencillo y común-, está llevado de buena forma…

Sin embargo, parece una película cambiada sobre la marcha, como que iba en una dirección y luego terminó repitiendo una fórmula… un agobio, una tristeza y soledad de sus personajes que ya ha atravesado sus anteriores películas y que, aún espero, reviente con una fuerza realmente sobrecogedora en una de sus próximas realizaciones.

Por otro lado, casualmente me pasó algo similar estos días con el mediometraje I`m here, de Spike Jonze. (Casualmente, porque Sofia y Spike estuvieron casados algunos años).

Un bien realizado y “bonito” film, pero que carece del extremo necesario para sobrepasar o igualar al menos la vara que le dejó antes Charlie Kaufman, guionista de ¿Quieres ser John Malkovich? y Adaptation, y que dieron forma a sus dos mejores películas.

Y claro, igualar a Kaufman es pedir demasiado, pero al menos, debiesen darse cuenta del peso de los guiones de Kaufman, -aquí incluyo a Gondry, de paso, quien falla en lo mismo-, algo que iba mucho más allá de la mera originalidad o el lenguaje empleado y que hacía eco en una visión de la experiencia humana como un hecho realmente trágico, y que quedó en evidencia con la impresionante película Synecdoche, Nueva York, dirigida por el propio Kaufman y quizá la mayor de las películas que tanto críticos como público han pasado por alto en la última década.
.

Pero claro, aquí me desvío nuevamente, y si hay alguien leyendo esto quizá esté molesto porque doy vueltas y al parecer no estoy diciendo nada. O muy poco.

Mejor, para que me disculpen, les dejo los links de descarga Somewhere y de I´m here.

Ambos están en un link, pero no existen aún subtítulos para Somewhere, lo que les aseguro que no son necesarios, ya que hasta yo, que prácticamente no entiendo nada de inglés, me las arreglé de buena forma con la película.

I,m here
Película: http://www.megaupload.com/?d=82H18VDB
______________
Señalo además que los link de i´m here los tomé de cultmoviez, y que el de somewhere... mmm... ya no me acuerdo.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Formas para no estar solo, o La nueva naturaleza de Theo Jansen.

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Existen varias soluciones
para cuando se está solo.

Y no voy a hablar aquí de amigos imaginarios,
muñecas inflables,
o posiciones del Mano-Sutra.

De hecho,
lo que aquí se mencionará,
tiene una belleza que me pone tan nervioso,
que no encuentro una forma cómoda
de expresarla.

Es por eso, entonces,
que recurro al verso,
lo que de paso ayuda a esconder
el asombro
y la falta de ritmo,
que hoy por hoy
me caracterizan.

Dicho lo anterior,
sólo me queda presentarles
a Theo Jansen,
ése que ahora está escondido
bajo mi cama,
avergonzado de que haya descubierto
gran parte de sus estudios de física
y hasta algunos poemas
que escribió cuando joven,
antes de dedicarse a ese extraño tipo de esculturas.

Y es que Theo Jansen
tiene miedo que cuente
que siente a los hombres condenados,
que todos sus estudios
y hasta su tesis no terminada
hablaban justamente
de la extinción del hombre,
de la disolución del mundo,
de la supremacía del viento
y del vacío.

Sin embargo,
al menos a mí,
averiguar estas cosas
le da un sentido mayor
a sus creaciones.

Así,
esa naturaleza nueva,
resistente
y eterna,
esos tubos amarillos
movidos por el viento
en las playas de Holanda,
pasan a ser
los seres que permanecerán,
los nuevos dioses,
diseñados desde pequeños
por Theo Jansen,
quien supo buscar a alguien
escondido,
que soplara sobre ellos.

Quizá es por esto que Theo
ya ha sido detenido varias veces
por intentar vivir sobre la arena
junto a sus creaciones,
y ha debido adoptar,
un discurso que termina por situar al arte
tan cerca de la noción de cálculo
y de diseño,
que ha atraído la mirada
y el dinero
de varios
que no saben qué hacer
con ambas cosas.

Yo moriré,
-dice Jansen-,
como todos,
pero hasta entonces,
me esfuerzo por llegar a concebir
la máquina perfecta,
el ser que sea capaz de sobrevivir a la muerte
y no temer de ella.

Además,
-y esto sólo lo admite en sus poemas,
por cierto-,
él mismo dice sentirse movido por un soplo,
un aire que lo desgasta y que lo hace morir
al mismo tiempo que le otorga vida.

Por esto,
y por sus bellas creaciones,
por supuesto,
le perdonamos a Jansen
vender sus creaciones
para un comercial de BMW,
y hasta entendemos,
al verlo,
que este hombre ame más
a aquellos seres,
que a quienes algún día lo rodearon.

Salga entonces,
Theo Jansen,
de debajo de la cama,
pues prácticamente no tiene usted
de qué avergozarse.
.

.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Desconstrucción de H, o Un hombre necesita una mujer de vez en cuando.

.
I.

H no recuerda por qué vive ahí.
Pero le agrada.

Lo suficiente al menos
como para no quejarse,
de estar ahí.

Es decir,
H no se disgusta de vivir
en ese sitio en el que vive.

Además están los muebles,
y las cosas,
y hasta pronto tendrá un piano,
piensa H.

Así que
¿para qué darle vueltas a las razones
que tenemos para estar en algún sitio?

H entonces mide el lugar
dando pasos,
pero las cosas acortan los pasos,
y se adueñan del lugar.

H es relegado por tanto,
a un extremo de aquel sitio.

Quizá si cambiase el orden de las cosas,
piensa H.
Pero no termina sus ideas.

Luego abre una cerveza
y busca una ventana.

Entonces,
a través del vidrio,
H ve a un grupo de personas
que avanzan por la calle.

Quizá ellos sepan algo
que yo no sé,
piensa H,
mientras acaricia el vidrio
justo en el lugar
por donde ve pasar la gente.

H es un buen tipo.


II.

H no recuerda por qué vive.
Pero no sabe si es correcto,
plantearse este tipo de preguntas.

No sé vive así,
-le dijeron una vez-,
preguntando cada cosa.

Y H entonces dejó de preguntar.

Y dejó también que las cosas
fuesen tomando su propio orden.

Creció musgo en las paredes,
se juntaron las botellas,
y una gata entró y tuvo crías
justo al lado de su cama.

Y claro,
además está el asunto ese,
del amor,
o el sexo,
o como se llame,
y H creyó que todo se reducía
a que un hombre necesita una mujer
de vez en cuando.


III.

H no sabe por qué.

Es decir,
sabe que no sabe por qué,
pero al final
es lo mismo.

Todo se reduce
a aceptar lo que nos dan,
lo que venga,
los no motivos.

Quizá por eso acepta
para el año que comienza
un total de 57 horas semanales
de trabajo.

Además,
piensa H,
argumentos sobran,
para esto.

Lo que falta,
sin embargo,
-y esto no lo piensa H-,
es una tesis.


IV.

H no sabe por.
Aunque nos suene extraño.

No sabe por,
porque ha intentado acostumbrarse
a esto de no terminar
las preguntas que no tienen respuesta.

Y es que H quería
compararse consigo mismo,
pero esto,
comprendió,
era hacer trampa.

El mundo además
no era eso,
ni la vida,
ni nada.

Nuestras medidas
y nuestros sentimientos,
pensó H,
sólo son eso: es decir,
son nuestros.

Entonces H
comenzó a guardar silencio.


V.

H no sabe.

Se equivoca en todo.

Pone mal los tildes
y acentúa la sensación equivocada.

Le echa sal al té
y azúcar al tomate.

Se acerca a los desconocidos
y rehúye a quienes ama.

H no sabe.

Perdió el amuleto,
la brújula
y el mapa.

Y es por eso,
que H se equivoca en todo.

H debiese estarse quieto
y dejar de hablar
y hacer preguntas.


VI.

H no.
No a H.

Es un buen tipo,
pero no.

Mejor que quede ahí,
o que se apague
como un fósforo.

Suéltenlo, de hecho,
si no quieren quemarse los dedos.

Neguemos a H.

No lo escuchemos.

No lo necesitamos.

Démosle 57 horas de trabajo,
o 60,
o 70 semanales.

Dejémoslo solo.

No lo miremos cuando pase.

Que piense…
que se dé cuenta que él no,
que H no.

Que se le doblen las piernas
y el espíritu.


VII.

H.

Sólo eso:
H.

No necesita más
para existir.

Que nada necesite.
Que nadie lo necesite.

Signo mudo.

Ni siquiera una mujer:
una soga.

Tachemos sus palabras,
su dolor,
su silencio.

Pintemos de blanco sus ventanas,
violemos a las mujeres
de sus sueños.

Apaguémosle el faro.

Huyamos de él.

Dejémoslo en paz.
.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Cierro los ojos y cuento hasta 100.

.
I.

Cierro los ojos y cuento hasta 100.
Es decir, lo intento.
Pero al final siempre termino antes,
me distraigo ahí por el 6 o el 8
y a veces llego hasta el 16,
pero saltándome también
un par de números.

Lo peor es que cuando me doy cuenta,
no sólo se me olvida en que número quedé,
sino que además,
se me olvida en qué estoy pensando,
o qué estoy sintiendo,
como si la cuenta regresara a cero,
en todo tipo de signos,
y uno pasa a ser entonces,
una página escrita y tachada tantas veces
que es imposible leer algo coherente
en todo aquello.

A pesar de esto,
intento este ejercicio una y otra vez,
generalmente,
cuando se vuelve de noche,
y el tiempo que uno ocupaba en rezar,
de pequeño,
debe ser utilizado, ahora, en otra cosa.

Pero claro,
sólo llego hasta el 6, o hasta el 8,
y a veces hasta el 16,
y debo entonces comenzar de nuevo
una y otra vez hasta que el sueño,
o el cansancio,
o el olvido.

II.

Nadie puede salvarte
sino tú mismo,
dice Bukowski, en un poema.

Lo dice con tal fuerza
y convicción,
que uno no puede sino aceptar
aquella sentencia como cierta.

Sin embargo,
tras darle vueltas al asunto,
y saborear esa frase
como una cerveza amarga,
estoy dispuesto a admitir la posibilidad
de que Bukowski
haya omitido algo.

Porque claro,
es cierto,
nadie puede salvarnos
sino nosotros mismos,
pero,
-y tómese esto como mi momento sincero
del día-
no tiene sentido salvarnos
para nosotros mismos.

En esto creo.

Y sí,
quizá por eso esta navidad,
insisto en juntar pequeños regalos,
cosas tan bellas que me conmueven y que,
hoy por hoy,
no sé a quién entregar.

Mientras,
disfruto con mi hijo,
una primera nochebuena juntos,
situación que está muy bien, por cierto,
y mi alegría es entonces similar
a la del niño que le regalaban el hermoso
juguete que deseaba,
aunque debía esperar hasta un día próximo,
para comprarle las pilas.

III.

Quizá es por esto que,
para esperar el día próximo,
intento una y otra vez contar hasta 100…
y bueno,
ya les dije qué ocurría.

Entonces pienso que tal vez,
aquello que reemplazaba al contar de ahora,
de pequeño…

Claro… quizá no cueste tanto,
como uno llega a creer…
me digo,
pero es que asusta tanto
que esa otra cuenta nos devuelva
también al cero…

Y es que no quiero ceros,
les digo,
quiero guardarme aunque sea
un decimal chiquitito,
y no quiero comprobarlo
ni aproximarlo,
para no perderlo.

Disculpen mi cobardía,
pero hoy no puedo.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Van envejeciendo las mujeres bellas.

.
I.

Van envejeciendo las mujeres bellas,
descascarándose,
gastándose un poco
y hasta algunas se oxidan.

Uno en cambio
tiene la ventaja de haber nacido
gastado,
feo y descascarado,
por lo que cualquier alteración
no pude empeorarnos más,
pensamos,
y sonreímos.

Entonces,
pasamos años esperando,
bebiendo en la mesa más lejana
hasta que las mujeres son probadas
por cada uno de los hombres
que aparentemente sí
valían la pena.

Luego,
sucede a veces que la más hermosa
comienza a sufrir por uno de esos hombres,
y se agrieta,
cambiando su belleza por una hermosura triste
que la acerca un poco a nuestras mesas,
que siguen todavía,
por cierto,
siendo las últimas.

.
II.

Los hombres empiezan a notar entonces
que las chicas han envejecido,
y dedican menos tiempo a conquistarlas
y hasta a veces es posible escuchar entre ellos
alguna conversación honesta.

-Podríamos juntarnos algunas noches,
si no conseguimos algo mejor –dicen.

De esta forma,
la transacción parece realizarse
de una forma limpia,
con ambas partes ganando o perdiendo
una cantidad similar de un algo,
que ya ni siquiera recuerdan
qué era.

.
III.

Así,
es como va cambiando la representación,
la farsa…
y si hay suerte,
una de las chicas hermosas,
generalmente la más sufrida,
la que le tocó cuidar a sus hermanos
o ser abandonada por su madre,
por ejemplo,
viene a caer cerca de nuestras mesas
y te cuenta una historia:

-Es que me enamoré de ese hueón -te dice-,
y es que una es tan tonta y ha soñado tanto
que a veces una cree que bueno…,
que sí,
que tal vez…
y entonces pasan los años,
y una no se da cuenta…
y comienzas a vestirte con menos colores
y hasta la piel se te destiñe…
pero claro,
a ti no debe interesarte,
tú estás acá tomando y… oye,
a todo esto…
¿habías venido antes?

.
IV.

Sí.
Había venido antes.
Observé tu desgaste,
y hasta me enamoré de él,
quizá.

Me gustaba tu cuerpo,
tus ojos,
tus vestidos de colores…
tu sonrisa.

Sí.
Eso es parte
de lo que uno debe decir,
pero no dice.

En cambio, hablas como los otros,
como esos que se llevaban antes
a las chicas bellas
y las devolvían como acuchilladas…

Y bromeas,
y le invitas un trago
y juegas también a no creer en el amor
y hasta logras que todo parezca simple.

Y claro,
puede que incluso termines
en la cama con aquella chica,
y se cumpla así tu acceso a la belleza
y puedas verla dormir,
y hasta llorar despacio
sin que ella te vea.

Verás su piel gastada,
sus pequeñas arrugas…
su cuerpo que ya no mantiene
la firmeza que viste en un inicio…
y claro,
quizá te sientas tonto,
porque sentirás de pronto que aquella que sentiste
agusanarse como una manzana,
alcanzó realmente una belleza que sólo le es dada
a esas que han sido despojadas,
de sí mismas,
a raíz de su hermosura.

.
V.

Nada de esto es,
sin embargo,
lo verdaderamente malo,
o terrible.

Y es que lo malo,
si lo hay,
tiene que ver con algo tan cursi
y básico,
que me da incluso pudor
intentar decirlo
de una forma más concreta.

Espero, sin embargo, que usted,
querido lector,
y a diferencia mía,
sepa hablar de esto
sin tapujos, ni pudores…

Sí,
ojalá que usted lo haga,
si entendió,
y todavía es tiempo.
.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Vian, fantasma de navidad, visita a Don Francisco.

.

I.

-Don Francis, despierte...

-...

-Don Francis, soy yo, Vian, su fantasma de navidad...

-... qqq.... déjame dormir... zzz...

-Ya po, Don Francisco, que tengo poco tiempo, ya es más de medianoche y tengo que ir a terminar unas planificaciones para uno de los colegios en que trabajo...

-... zzzz...qqqq....

-¡Despierta cabezón culiao... que tengo que hacer después...!

-Qué... qué... ¿qué pasa acá...? ¿Quién es usted...? ¡Yeruba, me atacan...! ¡Mandolino...! ¡Cuatro...!

-No hay nadie, don Francisco, usted prefirió estar solo.

-¿Pero quién es usted? Déjeme prender la luz...

-No, no la prenda... me hacen vestir un atuendo ridículo... además sólo vengo a darle una última información...

-¿Mala?

-Mmm, sí, podría decirse que sí.

-¿Me cancelan el programa? ¿Después de 45 años y no podían decírmelo de una forma más respetuosa?

-No se trata de eso, Don Francisco...

-Dime Mario, hueón... no estamos en el programa.

-Yo veré como le digo, prepotente de mierda... además, como se percatará a continuación, usted no está en posición de exigirme nada...

-¡¿De qué me habla?! ¡Esto es propiedad privada! ¡Usted no tiene ningún derecho...!

-¡Yo viajo con el derecho de quien me envía!

-¡¿De qué me está hablando?!

-De mi misión. Me han enviado acá para decirle algo...

-Vos soy comunista hueón, te caché..., vos me tenís mala porque eres un resentido... un fracasado... y seguro que me vay a hablar de otro periodo, o de la hueá de las afp...

-¡Cállate viejo culiao...!

-¡O lo que querís es asaltarme...! Mira, yo no tengo plata por si acaso... todo lo que hablan sobre mi dinero es un mito, un...

-¡Estás muerto!

-¿Qué...?

-Que estás muerto.

-...

-Eso tenía que decirte.

-Eso es una estupidez. No puede ser cierto...

-Su programa también era una estupidez y casi llega a los 50 años. Eso no garantiza nada.

-Entonces demuéstrame que estoy muerto.

-Mejor demuéstreme que está vivo.

-¿Cómo?

-No lo sé, sólo demuestre que está vivo

-Mmm, no sé... no se me ocurre cómo hacerlo...

-Intente llamar por teléfono, o tocar el timbre para los empleados... ¿Lo ve? No puede usted sujetar las cosas...

-Pero no puede ser... yo estaba vivo...

-Esa es una condición fundamental para morir, don Francisco, haberlo estado...

-Pero uno debe morir por algo, esto no tiene razón...

-Uno debe vivir por algo, Mario, es al revés... y cuándo ya no tienes ese algo entonces te mueres... aunque a veces pueden pasar 40 o 45 años entre estas dos cosas.

-Pero yo soy útil... hago campañas... los entretengo... y hasta ayudo a que la gente recuerde que son buenos...

-De nuevo no, Mario, y discúlpame que te interrumpa, pero a lo que ayudas es a que olviden que son frívolos, falsos, insensibles...

-Pero entonces...

-Entonces estás muerto, Mario. Eso es todo. Estás muerto.


II.

-¿Puedo tomarme otra botella?

-Está bien, don Francis, tome las que quiera, pero le advierto que no podrá embriagarse.

-¿Por qué no? ¿Así es el infierno?

-No, así es esta cerveza de mierda sin alcohol que quedaba en el supermercado.

-¿Pero entonces usted...?

-Sí, yo no estoy muerto. A veces hago estos pitutos pa disculpar algunas faltas...

-¿Pagan bien?

-No. Una mierda.

-La mierda puede venderse como abono. Eso me lo enseñó mi padre.

-¿Ese que según usted logró llegar a Chile tras huir del campo de concentración de Majdanek?

-Ese mismo. Un héroe judío que luchó por su familia y nos sacó adelante en medio de la segunda guerra...

-Pero usted nació en Chile.

-Sí, mi padre huyó y yo nací acá... lo cuento todo en mi documental Testigo del silencio... podría venderle una copia...

-Pero usted nació en 1940...

-¿Y?

-Que el campo de prisioneros de Majdanek se construyó en 1941.

-Mmm, es posible...

-Es así. Me entregaron toda su información antes de venir a buscarlo.

-¿Toda?

-Toda.

-No le creo.

-Compruébelo, si quiere.

-Cánteme el Pachi-Pachi, o el Bailongo...

-No sea hueón, yo hablo de cosas serias.

-¿Como lo de los mensajes privados de Pinochet?

-Sí, o como lo del cambio de sexo de la Vivi.

-¡Chucha! De verdad lo sabe todo.

-Todo. Ya le dije. Y sé también que su ausencia será apenas recordada unas semanas.

-¡Eso no es cierto! Tengo una calle con mi nombre, hay un motel que tiene una pieza como mi primer estudio... ¡si salí hasta en Los Simpsons!

-¿Era Gorgory?

-No, salí poco, pero fui nombrado con respeto... Yo soy una persona buena, y quien lo envió debe estar consciente de esto.

-Aquel que me envió sabe que usted es una mierda, don Francis.

-¿Entonces por qué no hay fuego ni dolor y todo parece tan normal?

-Porque la eternidad es su espíritu. Y en su caso es un vacío.

-Eso no es cierto.

-Lo es. Usted no es nada, don Francis. Y no gastaré palabras para explicar que se victimiza y que su gran estrategia ha sido mantenerse vigente gracias a fingir ser bueno...

-Fingir y ser... da lo mismo, al final producen los mismos resultados... además Dios hace lo mismo...

-¿Dios? ¿Quién es ese?

-¿Cómo? ¿No te envió él?

-Mmm, no puedo dar informaciones sobre aquel que me envió...

-¿Es el chacal?

-No insista, ya le dije que no iba a dar más informaciones sobre eso.

-Porque fue el chacal, ¿cierto? Si una vez hasta intentó sodomizarme en el camarín 5...

-¡No me interesan sus historias, Mario!

-¡Es que no sé quien puede querer atormentarme de esta forma...!

-Pero si yo no le he hecho nada aún, don Francisco...

-¿Aún? ¿Quiere decir que me vas a hacer algo...?

-Yo sólo tengo que mostrarle su pasado, Mario. Y lo que pasará sin usted, en el futuro.

-Yo no quiero ver nada. Guárdese sus historias. O resúmalas, como en las reuniones de pauta...

-Yo no tengo la obligación de seguir sus indicaciones, Mario.

-Puedo pagarle... usted me dijo que estaba vivo...

-No me interesa la plata, don Francis...

-Jajaja... no me venga con eso... la gente quiere dinero... lavadoras, refrigeradores, y autos nuevecitos, por supuesto...

-Pues yo no quiero eso. Por algo estoy aquí.

-¿No le pagan por esto, acaso?

-Nada.

-¿Y por qué lo hace?

-Quizá podría responderle, pero entonces el fantasma de navidad sería usted... y yo comenzaría de a poco a recordar mi vida y el proceso sería al revés...

-¿Pero yo seguiría muerto?

-Sí, supongo que en eso no hay vuelta.

-¿Y si le ofrezco algo... digamos, todo lo que está en el maletín de esa esquina, o lo que está tras la puerta de la izquierda, o lo que tengo en mis bolsillos, para que usted interceda por mí...?

-No me interesa: en el maletín hay dos paquetes de galletas, tras la puerta de la izquierda está el baño, y el bolsillo de su pijama está roto así que no quiero ni pensar qué existe al otro lado... Y además, de todas formas, el que usted siga muerto es algo que no alcanzo a comprender.

-¿No comprendes la muerte, entonces?

-No, ni la vida tampoco, don Francis, si le soy sincero.

-O sea que a ti también te tocará algún día una visita como esta.

-Sí, y supongo que luego vendrá el recordar mi pasado y ver qué significado adquiere mi ausencia entre los otros.

-¡Pero si los otros son público, por la mierda! ¡Mi significado no puede depender de ellos! ¡Ellos son masa...! ¡Perraje!

-Pero los perros no tienen infierno, don Francis.

-No entiendo.

-No importa... ¿Quiere mejor ver las imágenes sobre su pasado y su futuro?

-¿Tengo opción?

-No. La verdad es que no.

-Entonces veámoslas.


III.

Don Francisco pudo ver entonces las incontables horas de su programa. Sus viajes. Sus hijos. El dinero mismo que se iba acumulando... sus miserias...
.
-¡¿De qué mierda estás hablando, Vian?! ¡Cuentas la historia como se te da la gana!

-Se equivoca, don Francis, omito cosas incluso por dejarlo mejor, y usted ni lo agradece...

-Pero mis miserias... ¡de qué miserias me hablas!

-De esas que somos incapaces de ver, de sentir, de esas que se nos acumulan cuando uno mismo se hizo insensible, y nada afecta...

-Eso no se llama miseria...

-A ver: ¿quién es el profe de lenguaje?

-Tú, pero...

-Pero nada, cabezón de mierda. Así de simple.

Entonces don Francis se calla. Como si estuviésemos en comerciales. Sigue viendo las grabaciones y bosteza de vez en cuando, pero al menos logré cumplir con mi cometido.

De hecho, pienso que quizá esta visita puede llegar a serle útil, aunque no sé ciertamente para qué.

Además, en pocos minutos más comenzará a ver las imágenes de su ausencia. Y se herirá su orgullo, pero seguirá sin autorizar a sus sensaciones salir fuera.

-Estoy seguro que no es miseria la palabra -insiste entonces don Francis-. Tiene que haber otra palabra más exacta...

-La palabra es miseria, Mario, no huevee... Miseria, ¡aunque no le guste...!

martes, 21 de diciembre de 2010

En la mansión Waine.

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.
I.
.
Supongamos que Bruce Wayne
está borracho.
.
Su mansión está llena de botellas vacías,
y sobre la alfombra puede verse una mancha
de sangre y vómito.
.
Mientras,
por supuesto,
Alfred limpia y recoge las botellas.
.
Incluso, a veces, cuando las botellas tienen conchos,
Alfred las vacía en unos cubos
que contienen tierra o arena,
según las instrucciones del amo Bruce.
.
¿Quiere que le prepare la cama, amo Bruce?
pregunta entonces Alfred.
.
Pero claro está que no hay respuesta.
.
II.
.
En otro tiempo no fue así,
piensa Alfred,
el amo encargaba disfraces
y me mandaba a que le contase historias
sobre héroes y justicias.
.
En las historias,
él era un ser encapuchado,
atormentado por la muerte de sus padres
que buscaba hacer de Gotham,
una lugar más apropiado,
para esparcir su miedo.
.
Con el tiempo,
sin embargo,
ese juego perdió su encanto:
las historias se me fueron enredando
y hasta el carácter del amo
fue tornándose cada vez más difícil.
.
Nos estamos poniendo viejos, Alfred,
me decía él, entonces,
y la vida tiene cada día más sabor a mierda.
.
III.
.
Entonces llegaron los días
en que el amo Bruce dejó de comer,
y hasta se negó a recibir a sus padres
a quienes acusaba de estar muertos.
.
No les abras la puerta a esas mierdas,
me decía,
son cadáveres, sombras,
marionetas sin hilos...
.
¡Y es que éste
no es aún un cementerio, Alfred!
continuaba,
.
¡Y los padres están muertos...!
¡siempre los padres están muertos!
.
IV.
.
Lo triste de esto,
pienso ahora,
es que hubo un tiempo en que las palabras del amo
me dolían como si fuesen verdades innegables,
y uno entonces no podía sino oscurecerse
en aquella casa
de ventanas tapiadas.
.
La luz no entra aquí, Alfred,
intentaba explicarme el amo en ese tiempo,
pero tampoco entra a ningún sitio.
.
La luz es la más terrible de las mentiras...
la más amarga, Alfred,
y es tan fácil dejarse engañar,
tan de niños confundirse
y salir al sol...
.
Y claro,
yo escuchaba al amo Bruce,
y hasta podría decirse que lo quería,
si es que él en verdad hubiese permitido
que alguien lo quisiera.
.
V.
.
Hoy el tiempo pasó
y lo único que queda
son botellas desparramadas.
.
En ocasiones, el amo Bruce,
se tropieza y cae sobre ellas,
y a veces se producen heridas,
y yo las curo...
y cicatrizan, claro,
antes de volver a abrirse.
.
Sin embargo,
supongo que la rutina,
y la falta de luz,
hacen de esta situación
un hecho insostenible...
.
Por lo mismo,
debo reconocer que si no fuera
porque me queda tan poco
de lo que podría llamar
mi propia vida,
quizá hasta habría abandonado al amo,
y habría cruzado las pesadas puertas
del jardín,
y me habría aventurado
a descubrir realmente quien soy,
o era...
.
Pero ocurre,
que no soy bueno en esto,
de verme a mí mismo.
.
VI.
.
Llegará el día,
sin embargo,
en que mientras limpie
los espejos opacos de esta casa,
escribiré mi nombre
junto al reflejo:
.
Alfred, mayordomo,
dirá aquella frase.
.
Luego,
pasaré un paño por el espejo
y borraré las palabras
y mi rostro,
y el amo quedará,
ahora sí,
totalmente solo.
.
¡Que Dios se apiade de él,
en ese instante!
.
¡Y de todos nosotros!
.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Teatro Ópera de Beijing, Centro Cultural Gabriela Mistral.

.

I. El contexto.

El hall de ingreso a la sala número dos del Centro Cultural Gabriela Mistral, donde se presentó hoy el Teatro de la Ópera de Beijing, está lleno de grandes fotos donde el presidente sonríe y saluda a distintos hombres de ojos rasgados que le tienden, amistosos y confiados, galardones, o diplomas, o simplemente la mano, en gestos aparentemente afectuosos y fraternales que han sido retratados fielmente por fotógrafos que no han dudado en retocar las imágenes de una forma tan burda que hasta el mismo presidente podría reporcharles su trabajo.

Además, poco importa si los hombres pertenecen o no a la nación popular China, cuya embajada fue la principal organizadora de este evento, ya que el requisito para acompañar al presidente o a su familia en esas fotos parece ser simplemente tener los ojos rasgados, y mantener, invariablemente, una mueca simpática similar a una sonrisa, que parece haber sido bordada por la misma mano en cada uno de los rostros.

Por esto, es posible distinguir en las fotos a diplomáticos japoneses o koreanos, y hasta al chino Ríos y al chino Navarrete que se colaron en una de las imágenes que aún no entiendo qué hacían en ese sitio.

Otra de las imágenes anómalas, es la de una extraña Geisha acompañada de un semicalvo samurai que, tras un detenido análisis, descubro se trata de el hermano bohemio del presidente... y bueno, no daré aquí más especificaciones.

Además, pocos se fijaron en las fotos. Hubo tanta demora y tan mala organización que la mayoría pasó de largo por aquellas imágenes, salvo Walt Disney, que debe haber andado de incógnito, y que le dejó un autógrafo justo frente a la boca del presidente, que seguía sonriente, como siempre, sin percatarse de la dedicatoria que le habían dibujado.

Otras cosas dignas de mencionar, pertenecientes al contexto, dicen relación con la excesiva cantidad de gente que hizo cola para entrar al lugar, aunque nadie fue capaz de señalarles, a tiempo al menos, que sólo podrían ingresar 100 personas a presenciar la función, pues las otras entradas correspondían a invitaciones privadas, que ya se habían emitido.

II. La espera.

Fue así que la espera por entrar comenzó varias horas antes. En mi caso 5, aunque ya habían varios que estaban desde antes así que desconozco el tiempo total que estuvieron ellos.

Mi hijo, estoico, aguantó conmigo a pesar de quejarse cada cierto tiempo de distintas cosas que logramos solucionar, junto a otras que, supongo, no tenían solución.

De hecho, tanto fue el tiempo que estuvimos ahí, que casi convenzo a una chica de pelo rojo para que le hiciésemos en ese rato un hermanito a mi hijo. Aunque el casi, debo reconocer, fue casi tan amplio, como la espera.

Luego de unas horas, sin embargo, y tras ver que el asunto no iba a funcionar, un clon de Lavín a la edad del pavo -¡imagínense!-, comenzó a entregar unos papelitos que indicaban con números del 1 al 100 quienes podríamos ingresar.

Recibí el 81 y el 82 -y eso que estaba como 15 en la fila original-, y entonces comenzaron los sobornos, los inconvenientes, y hasta el ánimo, de las más de 500 personas que estaban fuera del lugar, comenzó a alterarse.

III. Ofrecimientos varios.

Primero comenzaron a pasearse las chicas lindas. Te miraban desde lejos y se aseguraban que hubieses recibido uno de los números premiados. Luego se ponían en un ángulo en que el sol, y sus 34 grados, dieran cuenta de la sutileza y brevedad de sus vestidos, que, de peso, no deben haber superado los 50 gramos.

Y entonces se acercaban.

-Hola -te decían, y la lengua se asomaba para saludar tambien, desde su humedad lejana.

-Hola -decía uno. Consciente de que esa era la única forma que tenía para conseguir la atención de aquellos especímenes.

-Pucha -decían entonces-, no te imaginas lo que daría por entrar a ver la ópera.

Y yo, por supuesto, me lo imaginaba.

-Además después tengo un carrete rebueno y hasta podríamos ir juntos -me decían, mientras yo con el pie corría hacia el lado a mi hijo, con el que, por cierto, compartimos gustos parecidos.

Al final, tras unas frases más y percatarse que estaba con mi hijo y que no había conseguido una entrada extra y etc., las chicas terminaban por irse, mientras mi hijo me leseaba porque según él, me había puesto nervioso, y otras cosas casi sin fundamento, y que no vienen al caso.

Luego venía el turno de las viejitas. Sea cercaban y te contaban la historia de un nieto enfermo, o de que ésta es quizá la última oportunidad que tienen para ver este tipo de presentaciones.

-Para mí sería un milagro si alguien me diera su entrada -me decían-, yo creo que se irían derechito al cielo y hasta serían un gran ejemplo para sus hijos...

Y claro, yo me hacía el hueón. Y las veía mover su placa, y practicar su tono lastimero que no me conmovía en lo más mínimo. O no después de cuatro horas en la fila, al menos.

IV. La gran ocurrencia del clon de Lavín.

Entonces, tras numerosos reclamos y hasta un escupo que le quedó colgando de la patilla derecha, el clon de Lavín fue iluminado, y planteó una solución.

Habilitar la sala 1 para que 250 personas más puedan ver, esta vez como proyección, la presentación de los chinitos.

El problema se acrecentó sin embargo, cuando al clon se le ocurre dar exactamente el mismo papel a los otros asistentes, es decir, partió del 1 nuevamente por lo que, del 1 al 100 habíamos 200 personas, todas reclamando que nos había tocado en la sala en que podíamos ver la presentación en vivo.

Hubo reclamos, golpes y hasta mordiscos, mientras el clon nos pedía que apeláramos al ejemplo cristiano y a las buenas costumbres que, al parecer, muy pocos compartían.

Luego tuvieron que venir los guardias y claro, la hora pasaba, y no podían dejar ingresar a nadie pues no había llegado el señor ministro, quien estaba atrasado al igual que otras autoridades que debían asistir.

V. La llegada del ministro y otras autoridades.

Una lluvia de silbidos y hasta una bombita de agua que no dio en el blanco fue lo que recibió el ministro y su comitiva tras ingresar tardíamente al recinto por una puerta lateral que no logró ocultarlo por completo.

Una viejita se le colgó de las piernas y una jovencita intentó hacerlo de algo que, al parecer, había entre ellas, pero no tuvieron éxito.

Sólo entonces, -bueno, en realidad una hora después-, comenzamos a pasar nosotros.

Desperté entonces a mi hijo, -quien incluso creció unos centímetros desde que comenzamos a hacer la fila-, y lo abracé porque lo sentí un hombre grande. Me pareció incluso que sus bigotes habían crecido también y traté de convencerlo para que se afeitase, pero se negó rotundamente.

-¿Estay borracho, papá? -me decía.

Y yo me emocionaba pues me parecía que hasta su voz había comenzado a cambiar.

VI. Inside.

Como entramos casi de los últimos resultó que en la sala sólo quedaba una hilera de asientos vacíos y dos más, aparentemente ignorados, en primera fila, desde donde era casi imposible ver nada.

Lamentablemente, una muchacha del gobierno de la eficiencia me reveló con su dedo la existencia de unos papeles que indicaban que esos asientos estaban destinados a autoridades, por lo que, nuestra única opción, fue ubicarnos en los dos asientos despreciados de primera fila.

Por suerte, había comprado en una bodega ocho tomos gordos de una enciclopedia de arte que con suerte llegaba hasta el impresionismo y que nos sirvió para quedar a una altura que nos permitiera presenciar el espectáculo, de una forma digna.

Veinte minutos después, tras la ausencia de las autoridades y hasta del ministro que no se atrevió a ser abucheado nuevamente, comenzó la maravilla.

VII. La maravilla.

La presentación fue lo que esperábamos, y hasta un poco más. Constó de tres obras breves y tradicionales del teatro de ópera chino, cuyo argumento y diálogos iban pasando a destiempo, proyectados quizá por otro clon de Lavín, quien aprovechaba hasta de censurar la palabra culo que apareció en un momento y que casi lo lleva a detener la función.

El trabajo de los actores, sin embargo, y de los músicos, fue realmente notable, y hasta logró que nos olvidáramos de las horas de espera y de las fotos de Piñera que habían precedido todo aquello.

La belleza de los trajes, la perfección de los movimientos, el maquillaje... todo fue sumando para que uno se fuese sintiendo más torpe, más imperfecto...

-Papá, ¿Tú podriay hacer eso? -me pregunta entonces mi hijo.

-Si fuera chino sí -le contesto-. Y sabría tejer canastas y hasta sabría kung fu.

Y es que fue tan perfecta la tercera representación, -y en particular la pelea de la serpiente que quería la hierba de la inmortalidad para el hombre con quien se había casado-, que uno parecía tener una naturaleza distinta a la de todos ellos... una naturaleza clase b, dicho sea de paso.

Por suerte está Piñera, un presidente que permite que hasta la clase b sea nuevamente admirada por su progenie, dispuesto siempre a ser más estúpido que uno y a mandar un mensaje que resuena, tras terminar la presentación, en todo el lugar:
.
"Espero les haya gustado la función tanto como a mí me habría gustado de haberla visto. Por lo mismo les agradezco su visita: espontánea, desinteresada, manifiesta. Y a ustedes, amigos orientales, sólo me queda por decirles una cosa: gracias, y shaolín... ja, ja... shaolín..."
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Sólo entonces siento que mi hijo vuelve a abrazarme con orgullo. Feliz de que su padre no sea Piñera, más allá del dinero y de todas esas cosas como... bueno, como el dinero no más, que él tiene.
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-Pucha que es hueón Piñera -comenta mi hijo, mientras salimos del lugar.
.
-No digay eso hijo... -intento corregirlo. Pero no se me ocurre, realmente, otro adjetivo más adecuado.
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Por último, cuatro horas después, y a 30 kilómetros de aquel lugar, se acaba mi día.
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Sin mucho más que contar.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Estupor y temblores, de Alain Corneau (2003)

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Amelie best seller. Amelie y su vida novelada una y otra vez como si tratase de justificarse. Amelie retratada por ella misma. Amelie y la exageración. Amelie huyendo de los otros y de sí misma. Amelie en la sala de espejos de una feria en que todos te devuelven una imagen transformada. Amelie y el invento de una vida que le acabó antes de cumplir los 5 años.

Y claro, Alain Corneau mordió el anzuelo. Decidió llevar al cine fielmente uno de los libros de la autora en quien me nace tener más fe, aunque las razones se van haciendo más escasas día a día.

Y sí, sería injusto criticar de mala forma su película porque a grandes rasgos está bien hecha, capta la atmósfera del libro, es fiel incluso a las exageraciones y al lenguaje empleado y puede que hasta su protagonista nos llegue a caer simpática. Pero no.

No Amelie.

Porque el centro de esta película es una evasión, un invento. El rescate del pasado desde donde pretende sostenerse un tiempo donde la protagonista está ausente.

¿Suena enredado?

Disculpen, es que a veces me muevo en un terreno demasiado íntimo cuando hablo de esta autora y doy por hecho que todos la conocen, que todos las han leído, y hasta que todos la quieren.

Pero claro, lo cierto es que casi nadie la quiere, y por eso mismo es que si bien muchos la han leído, la comprensión y el entendimiento termina por quedar fuera, a una distancia tan grande como la que existe entre los primeros libros de Amelie Nothomb y su actual literatura.

Y es que prácticamente la totalidad de la escritura actual de Amelie, evita lo fundamental, evita nombrar la verdad que enfrentó cara a cara en libros como Higiene del asesino y Metafísica de los tubos.

Y claro, yo no sé que se hizo esa Amelie. Por eso veo esta película y sigo sus entrevistas y hasta leo sus nuevos libros, pero algo le pasó. Algo evade. Y lo evade valiéndose de la misma herramienta que utilizó para enfrentar en algún momento a eso que a veces es mejor incluso no nombrar... y es entonces cuando su escritura pasa a ser mera caligrafía y arabescos y verdades a medias...

¿Y saben? Me duele ver a Amelie viviendo entre espejismos. Cada día con la vista más ida y escribiendo con tanta fuerza, pero tan mal llevada, tan sin dirección...

Pero claro, no es correcto hablar mal de ella en su ausencia. Y si hay algo de lo que estoy seguro es que la Amelie que está en sus libros actuales y hasta en la película de Corneau, es una que no podría entender aquello que aquí le reclamo, y hasta le exijo.

Pero ¿qué hago entonces con esta entrada? ¿La borro? ¿La rearticulo de una forma más concreta y entendible...?

Veamos...

Argumento del film: Una muchacha que vivió hasta los cinco años en Japón y que siempre quiso volver a él para rescatar las profundas sensaciones que dicho país le había causado, llega a trabajar a una importante empresa japonesa donde es degradada poco a poco.

Dicha degradación, por lo demás -aunque esto no se muestra de manera tan clara ni en el libro ni en el film-, afecta también su propio significado, puesto que ella misma se había sustentado en las sensaciones y en el significado atribuido a este Japón.

Aspectos positivos del film: La fidelidad con el libro de la autora. Los diálogos limpios. La caricaturización que sin embargo deja entrever que hay elementos reales tras todo aquello. La atmósfera literaria que crea.

Aspectos negativos del film: La misma atmósfera literaria que crea. La falta de una consciencia total por parte de la protagonista y que no permite otorgarle un significado claro a esta experiencia.

Elementos técnicos: Bien utilizados. Fotografía correcta y acorde con lo requerdio por el libro. Excelente música (Bach principalmente). Buena edición reflejada en el ritmo constante que tiene la película.

¿Y yo?

Yo me quedo rabiando con esta Nothomb actual que escribe de 4 a 8 de la mañana. Que completa cuatro novelas al año y que decide publicar una, y siempre en la misma fecha.

Yo me quedo esperando como siempre a que decida mirarse ahora y se atreva a recordar y realmente retomar la escritura donde la dejó... volver por el hilo que le iba a permitir salir del laberinto, o, al menos, tener una posibilidad de lograrlo.

Y es que la engañaron a Amelie. La durmieron. La drogaron... Y la dejaron frente a otro minotauro... y, por supuesto, frente al enigma equivocado...

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Si quieren ir por la descarga les dejo estos links que pillé por ahí, contienen la película en formato avi y con subtítulos.

http://rapidshare.com/files/94131899/Stupeur.et.Tremblements.2003.DVDrip.part1.rar http://rapidshare.com/files/94137703/Stupeur.et.Tremblements.2003.DVDrip.part2.rar http://rapidshare.com/files/94197857/Stupeur.et.Tremblements.2003.DVDrip.part3.rar http://rapidshare.com/files/94207294/Stupeur.et.Tremblements.2003.DVDrip.part4.rar http://rapidshare.com/files/94137792/Stupeur.et.Tremblements.2003.DVDrip.part5.rar http://rapidshare.com/files/94132625/Stupeur.et.Tremblements.2003.DVDrip.part6.rar http://rapidshare.com/files/94127795/Stupeur.et.Tremblements.2003.DVDrip.part7.rar
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sábado, 18 de diciembre de 2010

No hay lluvia.

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No hay lluvia.
Hace tiempo que no hay lluvia.
Y claro, uno piensa que es correcto,
y que lo normal es eso,
por supuesto.
.
Pero la tierra no lo sabe,
y se seca.
Y reclama,
con su voz llena de polvo.

Y claro,
los reclamos de la tierra
no hacen eco:
se escriben en el polvo
y se borran
y no hay huellas.
.
Por eso escribo hoy:
porque quiero ser la huella.
.
Y porque de cierta forma,
la lluvia que hoy no llega,
viene de cierta forma a ratificar
la existencia de un espacio
árido,
de piel resquebrajada.
.
Por lo tanto,
puede que esto te suene
a algo ya escuchado,
a canción popular,
a coro de iglesia,
o hasta a carta de amor;
todo con tal de no decir aquello
que nunca decimos:
que estamos solos,
que la vida se nos fue,
o que no alcanzamos a contestar la llamada
de Dios,
cuando requería de nosotros.
.
Pero desvarío.
Fijémonos mejor en lo concreto,
y lo concreto es que no hay lluvia.
.
Las palabras salen secas
de las bocas de los hombres,
y la tierra se agrieta
y hasta el alma se agrieta
y no hay lluvia.
.
Dejémosle entonces a los otros
buscar culpables,
y digamos mientras
que es culpa del clima,
o que es algo natural,
como las mareas.
.
No nos preocupemos de aquello,
que lleva a nuestro pensamiento
a enfrascarse en cuestiones
tan sin solución
como el asunto ese
de los sentimientos puros.
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¡Ja! Sentimientos puros...
Mire usted el absurdo
que plantean estas palabras...
.
Al respecto me gustaría contarles
que yo una vez quise pintar a una muchacha,
-sé que no viene al caso,
pero es que quisiera contarles-,
y la muchacha posó
y se detuvo
en la posición que yo escogí,
como eterna.
.
Pero claro,
el dibujo salió movido,
y culpé a la muchacha...
y rompí mis apuntes
y bocetos...
y bueno,
olvidé en el fondo que nada
tiene la propiedad de ser eterno.
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Pues bien,
con esa convicción me enfrento hoy,
a la incuestionable verdad
del instante.
.
No aspiro a la perfección,
ni a la eternidad,
ni a sentimiento alguno,
que sobrepase la medida
de lo efímero.
.
Me basta con una palabra pequeñita,
con un gesto,
o con un algo
poco más que imperceptible...
.
Y si alguien tiene algo más,
créame en verdad
que es algo
que no quiero.
.
Y es que nada quiero,
querido lector,
absolutamente nada...
.
Me haría bien la lluvia,
es cierto,
pero nada pido.
.
Y es que mi piel resquebrajada,
parece estar conforme
y en silencio.
.
Hoy es un día más,
me dice,
eso es todo.
.
Y yo toco mi piel,
como si la acariciara,
y me despido del día:
.
Buenas noches día,
le digo.
.
Buenas noches, Vian.
me contesta.
.
Y yo pienso que todo está correcto,
y que es normal aquello
y hasta intento dormir.
.
Aunque claro,
debo reconocer,
que no resulta
del todo.
.

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