martes, 21 de diciembre de 2010

En la mansión Waine.

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I.
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Supongamos que Bruce Wayne
está borracho.
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Su mansión está llena de botellas vacías,
y sobre la alfombra puede verse una mancha
de sangre y vómito.
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Mientras,
por supuesto,
Alfred limpia y recoge las botellas.
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Incluso, a veces, cuando las botellas tienen conchos,
Alfred las vacía en unos cubos
que contienen tierra o arena,
según las instrucciones del amo Bruce.
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¿Quiere que le prepare la cama, amo Bruce?
pregunta entonces Alfred.
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Pero claro está que no hay respuesta.
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II.
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En otro tiempo no fue así,
piensa Alfred,
el amo encargaba disfraces
y me mandaba a que le contase historias
sobre héroes y justicias.
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En las historias,
él era un ser encapuchado,
atormentado por la muerte de sus padres
que buscaba hacer de Gotham,
una lugar más apropiado,
para esparcir su miedo.
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Con el tiempo,
sin embargo,
ese juego perdió su encanto:
las historias se me fueron enredando
y hasta el carácter del amo
fue tornándose cada vez más difícil.
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Nos estamos poniendo viejos, Alfred,
me decía él, entonces,
y la vida tiene cada día más sabor a mierda.
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III.
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Entonces llegaron los días
en que el amo Bruce dejó de comer,
y hasta se negó a recibir a sus padres
a quienes acusaba de estar muertos.
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No les abras la puerta a esas mierdas,
me decía,
son cadáveres, sombras,
marionetas sin hilos...
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¡Y es que éste
no es aún un cementerio, Alfred!
continuaba,
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¡Y los padres están muertos...!
¡siempre los padres están muertos!
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IV.
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Lo triste de esto,
pienso ahora,
es que hubo un tiempo en que las palabras del amo
me dolían como si fuesen verdades innegables,
y uno entonces no podía sino oscurecerse
en aquella casa
de ventanas tapiadas.
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La luz no entra aquí, Alfred,
intentaba explicarme el amo en ese tiempo,
pero tampoco entra a ningún sitio.
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La luz es la más terrible de las mentiras...
la más amarga, Alfred,
y es tan fácil dejarse engañar,
tan de niños confundirse
y salir al sol...
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Y claro,
yo escuchaba al amo Bruce,
y hasta podría decirse que lo quería,
si es que él en verdad hubiese permitido
que alguien lo quisiera.
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V.
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Hoy el tiempo pasó
y lo único que queda
son botellas desparramadas.
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En ocasiones, el amo Bruce,
se tropieza y cae sobre ellas,
y a veces se producen heridas,
y yo las curo...
y cicatrizan, claro,
antes de volver a abrirse.
.
Sin embargo,
supongo que la rutina,
y la falta de luz,
hacen de esta situación
un hecho insostenible...
.
Por lo mismo,
debo reconocer que si no fuera
porque me queda tan poco
de lo que podría llamar
mi propia vida,
quizá hasta habría abandonado al amo,
y habría cruzado las pesadas puertas
del jardín,
y me habría aventurado
a descubrir realmente quien soy,
o era...
.
Pero ocurre,
que no soy bueno en esto,
de verme a mí mismo.
.
VI.
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Llegará el día,
sin embargo,
en que mientras limpie
los espejos opacos de esta casa,
escribiré mi nombre
junto al reflejo:
.
Alfred, mayordomo,
dirá aquella frase.
.
Luego,
pasaré un paño por el espejo
y borraré las palabras
y mi rostro,
y el amo quedará,
ahora sí,
totalmente solo.
.
¡Que Dios se apiade de él,
en ese instante!
.
¡Y de todos nosotros!
.

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