domingo, 25 de diciembre de 2011

Contar historias de terror.

.
Nos juntábamos de noche
a contar historias de terror.

Esperábamos que oscureciese,
prendíamos alguna vela
y en medio del silencio
comenzaban las narraciones.

Casi siempre
las temáticas se repetían:
alguien que desaparecía
muertos que regresaban
o una serie de sonidos extraños.

Cómo sea,
lo cierto es que nunca aquello
logró atemorizarme.

Sin embargo,
quién sabe por qué razón
recuerdo que fingía tener
el mismo miedo que los otros;
e incluso mis historias
no eran muy distintas
de las que contaban los demás.

Y es que supongo
que el verdadero terror
consistía en distanciarse de los otros,
y tener que contarse entonces
uno mismo
las historias
verdaderamente tenebrosas.

Con todo,
el fingir duró apenas
unos meses
y terminé de todas formas
bajo mi propia noche,
descubriendo que a solas
por ejemplo
siempre me encontraba yo
bajo dos lunas.

Fue por entonces que encontré
colgado de un árbol de la plaza
a un vecino que vivía solo
en una casa de madera.

No sé bien por qué,
pero recuerdo que lo bajé,
desatando la cuerda de aquel árbol
y que el cuerpo cayó torcido
sobre la tierra.

Fue entonces
que corrí donde los otros
para contarles de esa verdadera
historia de terror,
pero no quisieron hacerme caso
y me trataron de mentiroso.

Con el tiempo,
preferí encontrarme una y otra vez
con el vecino que había descolgado
y él solía contarme historias
que si solían transmitir miedo,
aunque en el fondo
simplemente describían
una vida como la de cualquiera
de nosotros.

Recuerdo que un día,
estando con el vecino,
llegaron los otros chicos
a decirle
que yo había dicho
que él estaba muerto.

Él entonces
los miró con enojo
y sin decir nada les mostró
algunas marcas que aún
permanecían en su cuello.

“Claro que estoy muerto”, les dijo.

Semanas después,
alguien me acusó
de haber prendido fuego
a la casa de madera
en que vivía aquel hombre.

Pero claro,
yo lo negué,
rotundamente.

Y aún veo
las dos lunas.

1 comentario:

Seguidores

Archivo del blog

Datos personales