lunes, 13 de febrero de 2012

Caer en un bote salvavidas.

“Prometo que no quería escapar,
pero caí accidentalmente
en un bote salvavidas”
Declaración del Capitán del Costa Concordia.


¡Qué suerte la del capitán del crucero que hizo aguas hace un mes!

Y no lo digo con ironía.

Y es que pueden tratarme de ingenuo, pero creo profundamente en sus palabras.

Además, ¿qué sentido puede tener abandonar un barco que se hunde, para caer en otro que se hunde simplemente un poco más lento?

Porque claro, pueden tratarme de pesimista, pero no pueden negarme que todo –absolutamente todo-, se hunde poco a poco.

Quizá es por eso que me rechazan por cuarta vez consecutiva un texto sobre el tema, donde me acusan –entre otras cosas-, de tratar muy benévolamente al capitán.

-Liberas al capitán de toda culpa y no das cuenta de la carga trágica –me dice el editor.

-Haces parecer todo como algo natural, como si se cayese del árbol una fruta madura –alega el de redacción.

Y claro, yo intento recoger sus comentarios y rehacer el texto porque en el fondo me gustaría que quedase publicado cierto acercamiento a la figura del capitán y la obligación que lo ata al barco que se hunde…

Con todo, los reclamos siguen:

-¡Tus datos minimizan la catástrofe…!

-No entiendo la necesidad de citar a Spinoza al final del texto…

-No puedes asegurar que Dios nos haya abandonado de esa misma forma…

Y así los reclamos siguen.

-Pero sí es verdad que encalló a treinta metros de la costa –me defiendo-, y es verdad que nunca terminó de hundirse…

Pero lo cierto es que no me escuchan, y parecen tener tan claro el texto que necesitan, que no sé realmente por qué no lo escriben ellos, para ahorrar malentendidos.

-Y respecto a lo de caer casualmente en un bote salvavidas –me dice finalmente el editor-, no puedo aceptar que lo muestres como un hecho hermoso, ni mucho menos que creas en ello… ¡eso es absurdo, Vian…! ¡Totalmente absurdo…!

-Pero y la vida… –me defiendo-, o la forma en que llegamos a relacionarnos con los otros, o la dirección que toman nuestras acciones… ¿no es todo eso fruto del mismo absurdo? ¿No es también la vida un bote salvavidas?

Pero el editor no contesta, y se niega incluso a dirigirme la palabra, pues me acusa constantemente de ser irónico y de jugar con el lenguaje.

¿Y saben…? Quizá él tenga un poco de razón, después de todo, pero no se lo digo.

Y es que en el fondo, ni yo mismo tengo claro en qué creo realmente, y a veces, en la búsqueda de ese creer, uno termina cayendo en sitios extrañamente seguros, y confortables.

¿Es la ironía entonces ese bote salvavidas donde caigo accidentalmente cuando me quiero expresar…?

Mmm…

Pues no.

No lo creo, realmente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Seguidores

Archivo del blog

Datos personales