miércoles, 14 de noviembre de 2012

El rey que decía por favor.

«Ahora todos saben cómo encontrar el sentido de la vida
dentro de uno mismo. Pero la humanidad no siempre
fue tan afortunada. Hace menos de un siglo
los hombres y las mujeres no tenían fácil acceso
a las cajas de rompecabezas que llevan dentro.»
K. V.


Me he emocionado hasta las lágrimas con el cuento El rey que decía por favor, de Otto Wingarden.

No solo porque es el primer texto literario del que hasta hoy solo conocía como un teórico de la educación, sino porque dicho texto parece dar en el centro de un problema sutil que no muchos parecen dimensionar en su real magnitud. A saber: la necesidad de reinventar lo que entendemos como afecto y la relación con el prójimo.

Así, lleno de situaciones tiernas y de personajes que parecen mirar directamente al lector, El rey que decía por favor nos cuenta la historia de un gobernante que –valga la redundancia-, no podía evitar decir “por favor” luego de dirigirse a sus súbditos, poniendo en peligro así, según se señala en el texto, su propia y real  naturaleza.

El cuento, aparentemente destinado a la lectura infantil, gira de esta forma en torno al cuestionamiento que podemos realizar respecto a quiénes somos nosotros mismos. Y es que el rey, convencido de que el impulso que lo lleva a decir por favor es esencialmente suyo, prefiere cuestionar su propia condición de rey, y hasta su naturaleza humana, antes de acallar lo que su interior le señala como correcto, ante la relación con el prójimo.

“Quizá no solo no soy un rey, pensaba el rey, sino que es posible que sea apenas
una creación de mis ministros, igual que esa máquina de calcular impuestos
o la estatua que está en el jardín y que tira agua por la boca…
Igual, salvo porque yo nací con un error que se activa cuando veo los ojos de mis súbditos
o cuando intuyo que dentro de ellos hay algo tan valioso como el reino entero…”

Por último, me gustaría destacar el trabajo de ilustración que acompaña al texto –un amigo me lo envió escaneado, pero no encuentro la referencia a la persona encargada de la ilustración-, y el trabajo de la recientemente reactivada fundación Wingarden, a través de cuya gestión esperamos poder tener este libro prontamente entre nosotros.

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