domingo, 30 de junio de 2013

Una manguera, un tumor, un rayado, un anillo y una ballena varada


I.

-Cuando era chico me llevaron a ver a mi abuelo, al hospital. Recuerdo que tenía una especie de manguera que le salía del tórax y llegaba hasta un balde. Y claro, yo miré el balde y vi que estaba hasta la mitad con sangre. Entonces, mi abuelo, que se había percatado de la situación, me llamó cerca suyo y me dijo al oído que no me asustara, que tenía un problema para digerir el kétchup, nada más, y que lo había comido en abundancia… Yo le creí.

-Hiciste bien.

-Sí. Supongo que sí. Igual no fue mérito mío. Le creí sinceramente.

-Mejor aún.

-No sé si mejor. Pasó así, no más.

-Claro, eso digo… mejor que haya pasado así.

-Sí, mejor.

-…


II.

-¿Te acuerdas de la Romi…?

-¿Qué Romi?

-La Romi, la chica esa que nos traía vueltos locos a todos, antes de salir del colegio…

-¿La del lunar sexi, cerca de la boca?

-Esa misma.

-Sí… ¿Le pasó algo? ¿Es famosa ahora…?

-No, famosa no, pero le ocurrió una desgracia.

-¿Un accidente…’

-Sí… más o menos… o sea, le dio cáncer.

-¿Cáncer?

-Sí. Es extraño. Parece mentira: el lunar sexi de la chica más atractiva de nuestra generación resultó ser un tumor que le deformó el rostro.

-¿Tanto así…?

-Sí. Le deformo un lado del rostro y creo que llegó hasta el paladar. Tuvieron que extirpárselo.

-¿El lunar?

-No, el paladar. Ahora cuando come le sale comida por la nariz, y el rostro le quedó una mierda.

-Que mal… pero, ¿y el cuerpo?

-El cuerpo lo tiene igual, al menos.

-Sí, es un consuelo.


III.

-¿Te conté que el otro día alguien hizo un rayado en el portón de mi casa?

-No, no me habías dicho.

-Pues eso… me hicieron un rayado, con unas letras medias redondas, como de cabro chico.

-¿Decía algo el rayado?

-Sí, pero es absurdo… no lo entiendo todavía.

-¿No me quieres contar?

-No es eso, pasa solo que es absurdo, y que luego de decirlo no hay mucho que agregar.

-A ver: dilo.

-Es que es extraño y…

-Dilo, no te hagas problemas.

-Jesús se afeita.

-¿Qué?

-Jesús se afeita. Eso dice el rayado. Nada más.

-…


IV.

-La mina era rara, hueón… pero híper rara… Imagínate que yo estaba tomando, re tranquilo cuando ella se acerca y me dice que me ponga un anillo.

-¿Un anillo?

-Sí po, hueón, un anillo… O sea, primero me explica algo sobre mis vibraciones, y me dice que me ponga el anillo…

-¿Y te lo pusiste?

-Sí… no sé bien por qué, pero me lo puse y entonces ella me dijo que si el anillo se ponía naranjo lo haríamos…

-¿Harían qué?

-Eso po, hueón… tener relaciones… sexo…

-¿Ahí en el bar?

-No sé… no especificó y al final no averigüé…

-¿Por qué?

-Porque el anillo se puso medio púrpura… y creo que el púrpura no servía…

-¿Por qué…? ¿Qué indicaba el púrpura?

-No sé… No le pregunté. Solo le devolví el anillo y ella hizo lo mismo con otro hueón.

-¿Y a ese sí le salió naranjo?

-Pues no sé… quizá… la verdad es que no me fijé en nada más… pero me parece que el hueón igual siguió tomando solo…

-Puta la mina rara, hueón…

-Sí po, esa hueá te decía.


V.

-¿Te conté lo que le pasó a Clay?

-¿Quién es Clay?

-El gringo po, hueón… el que llegó a trabajar a la oficina…

-Ah, verdad…

-El hueón me contó que una vez estaba borracho en una playa y que…

-Espera… esa hueá te la conté yo…

-No… Esta hueá es más rara… O sea, el hueón me dio a entender que una vez que estaba re cagao, y había tomado como pa borrarse o pa morirse ahí mismo, sobre la arena…

-¡Si te digo que esa hueá te la conté yo…!

-No, hueón. Escucha bien… Clay contó que se quedó dormido, medio inconsciente, y que de pronto, al amanecer, se despertó al lado de un enorme cuerpo…

-¡Si es mi historia hueón… y era una mina guatona que después…!

-¡No… na que ver! Aguanta un poco: Clay se encontró con eso y apenas podía moverse… pero aún así descubrió en ese bulto un ojo que lo miraba…

-La guatona po, hueón… con unos ojos así como lujuriosos y…

-No. Clay se encontró con una ballena varada.

-¿Una ballena parada?

-No, hueón… varada… echada al lado suyo, justo fuera del agua…

-Chucha.

-Exacto. Eso supongo que dijo Clay… pero el caso es que la ballena se estaba muriendo y ahí no había nadie, salvo Clay.

-Y la ballena.

-Claro, me refiero a que no había nadie más como para arrastrar la ballena hasta el agua.

-Ah…

-Así que bueno… Clay me contó que hizo todo lo posible por arrastrarla, pero estaba aún tan borracho y era un animal tan grande que al final se quedó al lado de ella, mirando como moría… mirándola a un ojo, mientras moría.

-¿Y entonces?

-Entonces murió la ballena po, hueón. Y Clay se vino a Chile.

-¿Y por qué a Chile?

-Porque encontró información sobre esas ballenas… y decía que podría verlas, en nuestra costa…

-Qué rara la hueá.

-Sí, rara.

-A propósito, ¿te conté que tuve un abuelo que se accidentó y que le pusieron una especie de manguera que le salía del tórax…?

-¿Y qué tiene que ver con esto?

-Harto po, hueón… mira, ahora te explico.

2 comentarios:

  1. Me gustó más el primer título, pero está bien adentro. Se parecen a los textos lejaaanos del blog, en el esqueleto. Abrazo.

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  2. Intentar hallar explicación sobre las cosas que no entendemos y a veces, preferir no haberlas encontrado en su momento...porque duelen...
    me has hecho pensar...jejejee
    Un abrazo

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