viernes, 23 de mayo de 2014

Todos en el sitio equivocado.



No hay relojes malos.

No hay relojes con la hora equivocada.

Todos están bien, en algún sitio.

Pero claro: hay que encontrar aquel sitio.

Moverse rápido.

Anticiparse casi.

Todo para que en aquel lugar el tiempo permita aún habilitar nuestros relojes.

Revivirlos.

Hacerlos útiles, me refiero, aunque sea un instante.

Cuenta así, por ejemplo, un jardinero en Giverny, que encontraron cientos de relojes en el fondo de un estanque.

Todos funcionando.

Todos con una hora que debía ser correcta en algún sitio.

Pero claro… no le dieron importancia a aquel descubrimiento y hoy los relojes siguen andando en un Museo que nadie visita.

Yo los vi una vez, hace mucho, y me arrepiento hoy de no haber intentado rescatarlos.

Me arrepiento de no haber buscado el sitio aquel donde esos relojes funcionasen.

Me arrepiento de haberlos dejado así, suspendidos bajo un vidrio, como cientos de pequeñas Blancanieves mecánicas…

Y es que hoy veía fotos.

Hoy recordaba algunas cosas.

Hoy me parecía escuchar casi, esos cientos de relojes palpitando, como pequeñas vidas despojadas de vida.

Permítanme entonces, al menos, lamentarme:

¡Pobres relojes del fondo de un estanque…!

¡Pobre estanque, incluso, despojado de sus relojes…!

¡Pobre y errado jardinero de Giverny…!

Todos en el sitio equivocado, a fin de cuentas.

Todos sin culpa en todo esto.

Todos en el sitio equivocado.

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