sábado, 18 de octubre de 2014

Globos de colores.


I.

-Junto al mago, en el escenario –me dijo-, había un montón de globos. Unos cincuenta, digamos. Todos de diferentes colores.

-¿Cincuenta colores diferentes? –pregunté.

-No… o sea, muchos colores distintos –aclaró-, pero deben haberse repetido algunos…

-Ah –dije yo.

Entonces ella me contó que aquella vez, en la función, habían vendado varias veces al mago y le habían puesto además una caja en la cabeza. Luego, le habían pasado al público los cincuenta globos, que debían reventar, de a poco, en el orden que ellos quisieran.

Así, a medida que los reventaban, el mago interrumpía y decía: ese globo era azul o ese globo era amarillo… sin fallar en ninguna oportunidad.

-Yo me acuerdo que reventé uno blanco –me dijo ella-, y que el mago adivinó enseguida.

-¿No falló en ninguno de los cincuenta globos? –le pregunté.

-En ninguno –contestó.


II.

Comencé a ensayar el truco esa misma tarde. Compré globos de cuatro colores distintos, pero mis marcas fueron penosas. Creo que le acerté a dos, de quince, nada más.

En cambio, llegué a descubrir que me producía angustia escuchar como reventaban los globos, así, sin razón.

-¡Pobre globo…! –dije al final-. No sigamos con esto…

Y claro, esa vez quedó un único globo rojo, que soltamos al final del experimento.


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